la inmensidad del DF - Mexico

Nuestra estadía en Canadá nos iba permitiendo conocer cada vez mas y mas amigos mexicanos, los cuales en reiteradas ocasiones nos invitaban amablemente a sus ciudades, así después de un gran esfuerzo de Angela y de mi parte, se dieron las cosas, el 12 de diciembre estábamos rumbo al país latinoamericano con mas cliches dentro de la mente de los colombianos, sería el encuentro con el tequila, el mariachi, el chile, el país de la fiera y del chavo, un viaje maravilloso por Mexico, del cual quiero compartir mis experiencias con amigos y familiares. El comienzo no arrancó con pie derecho, lo que debía ser un viaje de 6 horas, se convirtió en una odisea de 18 horas, con cambios imprevistos en el itinerario de vuelos que nos obligó a ir de Quebec a Montreal, de ahí a Toronto y al final al DF, debíamos haber llegado a medio día y terminamos por llegar a media noche, con nuestras maletas sin correas y una que nunca llego, sino dos días después. Sin embargo, Pamela, una amiga de Angela que conoció estudiando en Quebec nos estaba esperando junto a su papa, un hombre increíble que junto a su familia hicieron de nuestra estadía un recuerdo muy bonito, lleno de gratitud y agradecimiento. Camino a casa de ellos observábamos sigilosamente la ciudad, como era previsible cada vez que observábamos algo curioso o diferente, los asaltábamos con preguntas, como niño que empieza a descubrir el mundo en el que le toca vivir, y dentro de las primeras impresiones, estaban las capillitas en las cuadras en honor a la virgen decoradas con flores y luces, Pamela nos explicaba que ese día 12 de diciembre era el día de la virgen de Guadalupe, siiii la virgen que veiamos prendida al pecho de Adelia Noriega en sus mas de 500 novelas junto a las cuales crecimos los colombianos, ese día empezaba el maratón Guadalupe-Reyes, lo que significaba una sola rumba que comenzaba con la virgen de Guadalupe y terminaría con la fiesta de Reyes. Aquí en esta parte me quiero adelantar, comentando sobre la gran importancia que esta virgen tiene para los mexicanos, me atrevería a decir que en varias iglesias no veíamos el cristo crucificado sino la virgen de Guadalupe, las maratones hacia su santuario desde todas partes del país eras impresionantes, podría decirse que es una versión latina de la peregrinación a la Meca, y es esto lo primero que quiero destacar con ustedes del pueblo mexicano, su inmenso fervor y devoción por la Virgen, un pueblo que al parecer después de Brasil, es el país con mayor número de católicos en el mundo. Después de casi una hora finalmente llegamos a casa de Pamela, de verdad fuimos afortunados que nos recogieran, no quiero ni imaginar el precio de un taxi hasta Tlanepantla, el municipio aledaño donde ellos vivían, que tenía una plaza que daba la apariencia de estar recién remodelada, con una iglesia sencilla y un parque que motivaba al descanso, olvidándose un poco del caos y el stress que se vive a tan solo media hora de ahí en la ciudad de México. En casa de Pame, conoceríamos a su mamá, una señora que desde el primer momento me recordaba la mía, las dos coincidían en su tenacidad y tesón para sacar sus hijos adelante, en su inmenso corazón y espíritu de servicio, pero desafortunadamente también en aquellos quebrantos de salud que muchas veces impiden poder compartir espontáneamente con la familia, igualmente conocimos a Ashley la hermanita menor, una niña encantadora como Pame, con las que tuvimos la oportunidad de conocer varios sitios de la ciudad y de sus alrededores. A pesar del cansancio del viaje, esa noche hablamos de las innumerables semejanzas que existen entre México y Colombia, de nuestros problemas, de nuestra pobreza y de nuestra cultura, esos primeros instantes nos hicieron sentir como en Colombia, ya que después de nuestra salida de Colombia a Canadá, era la primera vez que nos encontrábamos en un ambiente tan familiar como el de nuestro adorado país. La llegada a México doce horas después me hizo entender que el cronograma que había diseñado desde Canadá no se iba a cumplir con el rigor planeado, tenía que empezar a ser muy flexible y a contemplar siempre los imprevistos como parte del viaje, solo así me sentiría mas relajado y podía disfrutar mas el viaje, sin embargo podemos decir que las expectativas fueron ampliamente superadas y que los objetivos se cumplieron en mas de un noventa por ciento. El otro día nos levantamos tarde, era normal, habíamos llegado exhaustos de ese viaje tan largo, después de arreglarnos comenzamos a planear lo que haríamos los siguientes días, mientras tanto Carmen nos preparaba unas quesadillas con mole poblano, nuestro primer contacto con la particular gastronomía mexicana, la cual me encantó enormemente, aunque estoy seguro que mi esposa tendrá algún comentario que hacer respecto al picante, y es acá donde va mi segunda gran observación respecto a los manitos, el consumo de picante dentro de la población mexicana es algo que para nosotros es simplemente exagerado pero que hace parte de su cultura y siempre está presente en la mesa. El chile es algo indispensable, desde los más niños comienzan habituarse a su consumo a través de helados o naranjas con picante, existe en todas las presentaciones y en todas las variaciones, como el habanero que es uno de los más fuertes. Pero como este no es un blog culinario quiero hablar de este tema del picante desde mi experiencia y mi propia vivencia, para empezar diría que siempre que íbamos a comer algún sitio advertíamos que por favor no nos dieran la comida picante, en un 100% esa petición no fue tenida en cuenta, la razón muy sencilla, ellos están tan habituados al picante que es imposible percibir otro sabor, simplemente no lo sienten, acá quiero recordar algo simpático que le pasó a Angela en una de tantas salidas que hicimos a comer tacos al pastor, Salvador pidió varios tipos de tacos, quesadillas y chilaquiles para que nos diéramos una idea de la variedad que existía, sin embargo mi esposa siempre salía mal librada y se ponía roja y se picaba con todo, como si eso fuera poco, lo único que aparentemente le permitiría comer tranquilamente sería la Orchata, una bebida parecida al masato de arroz de nosotros, lo triste o mejor dicho lo cómico del caso es que lo único que era inofensivo para Ángela le terminó pegando una atorada con el polvo de canela que la hizo toser durante algún tiempo, y bueno algo que debería ser muy personal pero que igual lo comparto es que después de comer picante, en el momento de ir al baño uno siente que se hubiera comido un dragón, se siente totalmente caliente y el ardor a veces insoportable, en fin, acostumbrarse al estómago mexicano no es tarea fácil, no se si fue una simple coincidencia pero cada vez que iba a un baño público, todos los sanitarios estaban llenos, parece que uno de los mayores placeres que existen en la vida, lo hacen bastante los mexicanos. Nuestra familia mexicana Después de este largo paréntesis, continuamos con nuestro relato, una vez descansamos del viaje, haríamos nuestro primer recorrido por la ciudad de México, iríamos con Pamela a tomar el bus, acá digo tomar y no coger el bus, ya que coger es.,……., bueno dejemos así. Respecto a lo de bus, la tarifa depende de lo lejos que uno se encuentre de la ciudad de México, fue algo complejo entender eso, pero nos acostumbramos siempre a preguntarle al chofer el costo del pasaje, o del boleto a lo mexicano, luego una vez en el DF tomaríamos el metro, no hay duda que este medio de transporte le da a esta ciudad un toque de desarrollo urbano, sin embargo el DF es un monstruo de ciudad y su infraestructura parece todavía insuficiente para dar solución a todos los habitantes que tienen. Entrar en el metro es como entrar en un bus de la décima en Bogotá con rieles, es impresionante la cantidad de vendedores que se suben con sus improvisados equipos de sonido vendiendo el último éxito de Shakira, de Alejandro Fernández o de cualquier otro a full volumen, lo increíble es que no terminan de salir de un vagón cuando ya viene el otro, en fin es algo divertido si uno lo quiere ver desde ese punto de vista. Bueno, después de tomar el bus, y hacer varias conexiones, llegamos al centro de la ciudad, al zócalo del DF, el zócalo es la plaza representativa de cada ciudad, lo que en Colombia es la plaza de Bolívar. Cuando uno llega a este sitio, se enfrenta contra el mundo, la multitud es impresionante, lo primero que vemos es un espectáculo de baile de música tradicional con sus trajes de aztecas, luego observamos la imponente catedral, una estructura impresionante con un órgano gigante y pequeñas subiglesias, este término es mío, así que por favor olvídenlo, es solo para explicarles la grandeza de este sitio, que está lleno de gárgolas y obviamente de la Virgen de Guadalupe, donde se encuentran los guías turísticos hablando de su milagrosa aparición al indio Juan Diego y de la prueba de ésta aparición en una pintura en tela diminuta que es imposible de realizar para cualquier ser humano. En la calle observamos toda clase de venta de comida, los chamanes con traje de indígenas haciendo su negocio haciendo lo que llaman “la limpia” a la gente, la cual hacia filas para ser inmunizados espiritualmente con el rezo y el rito de nuestro heredero azteca, de igual manera payasos, mimos, aztecas para la foto, decoraciones de navidad, en fin un inmenso colorido que resultaba incansable de detallar para el ojo humano ante un paisaje saturado y congestionado de imágenes que con solo recordar me producen ahora zozobra y agite. Buscando un poco de paz fuimos a uno de los hallazgos arqueológicos descubiertos mas recientemente, ubicado justo al costado izquierdo de la Catedral, el templo mayor. México es un país privilegiado por su hermosa herencia ancestral, es mucho mas que mayas y aztecas, existieron una gran cantidad de civilizaciones que marcan una fuerte identidad de su pueblo, el cual pareciera en su gran mayoría intacto con muy poco mestizaje. Sin embargo para uno como turista es muy complejo llegar a memorizar algo de su historia, sin ir más lejos y retomando la visita al templo mayor, el instituto nacional de historia y antropología que ayudo a construir el Templo Mayor se llama Coyolxauhqui. Es importante aclarar que las pretensiones del blog en lo que se refiere al viaje a México no es la de ofrecer información de cultura general sobre este país, para eso existe la web, así que yo simplemente seguiré dando mis opiniones o mis impresiones de mi propia experiencia. Respecto al templo mayor, lo increíble es saber que durante años estuvo en pleno centro de la ciudad, sin embargo durante las excavaciones hace poco mas de 30 años cuando se hacia alguna línea del metro, fue descubierta y hoy en día es uno de los tantos sitios arqueológicos para visitar en México. Resulta increíble ver la perpetuidad de tales obras después de tanto tiempo, los grabados, las esculturas y las ruinas se mezclan en una mirada con el vendedor ambulante, el aire espeso que se respira y los tumultos de gente. Una ciudad como el DF tiene innumerables sitios para conocer, la agenda era muy ajustada y teníamos que aprovechar al máximo, después de haber hablado con Pamela, fuimos a Chapultepec, un sitio grandísimo que tuvimos que visitar tres veces para poder conocer su zoológico, el castillo y el parque. Chapultepec es un respiro entre la congestión de la urbe, un sitio para buscar la tranquilidad y alejarse un poco del bullicio y la congestión dentro de la misma ciudad. La entrada al zoológico es gratuita, se tiene oportunidad de ver muchísimas especies, gorilas, pandas, leones, hipos, rinos, aves, reptiles, etc, la verdad está muy bien montado, desafortunadamente la primera vez que fuimos era un domingo, y había demasiada gente, imagino que eso hacía que los animales se escondieran, y ese día hubo varios que no pudimos ver, aunque después hubo revancha y los vimos con mas tranquilidad. Dentro del mismo zoo había un reptiario donde pudimos ver la Anaconda y varias ranas venenosas que parecían ser pintadas a mano con figuras y colores realmente hermosas, era un sitio donde era prohibido tomar fotos, sin embargo mucha gente lo ignoraba y bombardeaba con sus flash a los pobres animales indefensos que nada podían hacer detrás de los vidrios. También existe una parte donde uno interactúa con las aves ya que están en completa libertad, observamos a nuestro chigüiro colombiano que en México es llamado Capibara, al oso polar, morsas, en fin, un sitio que vale la pena visitar y tener un “acercamiento” con la naturaleza. Chapultepec, yo diría que es un punto medio entre el parque Simon Bolívar de Bogotá y el Central Park de New York. Tiene un lago con un color verde esmeralda que lo tienta a uno de sumergirse dentro de él, algo curioso que nos contó Fito, el novio de Pamela, es que este lago un día amaneció totalmente seco, que la gente salió corriendo a rescatar a los peces a meterlos en cualquier fuente para salvarlos, que nadie se explica a donde fue el agua, un misterio que al parecer nunca se pudo resolver. Fito era un gordito super agradable, no perdía oportunidad de contarnos chistes manitos, era algo que nos identificaba plenamente con los mexicanos, el sentido del humor, claro existen diferencias por el contexto cultural pero es la misma actitud de sonreír a la vida y hacer mofa de todo lo que acontece a nuestro alrededor. Fito fue nuestro guía en México y otras ciudades, dentro del parque nos explicaba el monumento a Cuauhtemoc cuando le quemaron los pies, nos enteramos que Chapultepec es una palabra nahuatl que significa chapulli, si si si, ya sabrán con que chapulín lo asociamos. El último sitio del inmenso Chapultepec es su castillo y sin entrar en detalle sobre la historia diré simplemente que fue objetivo militar de los gringos, y que en esa guerra murieron los niños héroes defendiendo su territorio, finalmente fue el sitio donde vivieron el emperador Maximiliano y su esposa Carlota, esta última víctima de las infinitas infidelidades de su esposo. El castillo es un museo donde se conserva la riqueza, el lujo y el despilfarro que ocasiona el poder, la cama real, la tina real, la carroza real, todo real, de ahí la vista es espectacular, se puede apreciar la calle de la reforma y los monumentos como el ángel de la independencia. Después de dejar tanta monarquía pasamos por el monumento a los leones y estábamos nuevamente en la calle, esta vez con el pueblo, con el populacho, comiendo tacos y tortillas que no eran reales pero si eran muy deliciosas, estábamos disfrutando de las atracciones del bazar, ahora recuerdo que nos subimos en el kamikazi y salí listo para abrazar la tasa del inodoro, lástima que ya estaba lejos del inodoro real, hubiera sido todo un honor para mi haber vomitado en tan hermoso lugar. El día termino comiendo en Vips, una cadena de restaurantes bien montados que existe en todo el país, donde los meseros toman la orden con su palm, bien gomela la vaina, aca me tocó pedir una sopita ya que todavía el mareo del kamikazi no me pasaba. El DF es una ciudad inmensa, gigante, conocerla imagino que implica dedicarle como mínimo tres semanas, saliendo juicioso todos los días a recorrerla, pero esto era imposible para nosotros, ya que nuestro viaje incluía otros destinos hacia el golfo, la parte montañosa y la ruta de la independencia, así que teníamos que ser muy selectivos con los destinos que quedaban por visitar en el DF, no podemos decir si hicimos la mejor opción, para hacerlo, tendríamos que tener referencias de los otros sitios, así que teníamos todavía varias opciones por recorrer, la catedral de Guadalupe, la cual descartamos porque sabíamos que Iglesias era lo que mas visitaríamos en el país, los jardines de Xochimilco, lo cual estaba demasiado lejos y los horarios no permitían que los visitáramos en esos días, así que decidimos ir al Museo Nacional de Antropología y mas adelante las ruinas de Teotihuacan, las cuales quedaban a una hora del DF. El museo nacional de Antropología lo llamaría el Louvre latinoamericano, no solo por su extensión, sino por el material que se encuentra ahí, pienso que gran parte del bagaje cultural de los mexicanos se debe a este museo, que no escatimaron en recursos para hacerle una inversión a su más grande patrimonio que es su diversidad étnica y su historia. Realmente la llegada es imponente, un monolito gigante, una plaza dividida en tres partes, divididas por las regiones habitadas por los indígenas en el país, a su interior se encuentran escenarios que recrean al visitante su forma de vida, sus costumbres y sus tradiciones, entran en detalle sobre las familias indígenas, los dioses y los rebuscados nombres de sus dioses sería meterme en problemas porque me metería una confundida absurda y como la idea no es convertirme en guía de museos, solo diré que para mi puede ser uno de los mayores referentes en el continente que hablan sobre nuestros antepasados, sobre la población original americana, sobre el desarrollo y las civilizaciones que existían y que fueron mestizándose hasta llegar a lo que hoy en día somos. Es un sitio que inmediatamente pensé hace falta en Colombia, un sitio dedicado a recoger nuestra diversidad, donde muiscas, huitotos, negros, pijaos, quimbayas, etc se reúnan y sean una carta de presentación de nuestra Colombia no pensando únicamente en el extranjero que ose visitar nuestro país sino en nosotros mismos, en nuestros niños, algo que sin duda alguna ayudaría a reforzar nuestra identidad y desde luego nuestro orgullo por ser colombianos. Pero bueno ya está bien, se me salió la vena politiquera que tengo dentro, lo que nos interesa en este momento es hablar de México, contadas las horas de nuestro recorrido, diré lo que no se atreve a decir nunca un seudo intelectual cuando va a un museo, así que diré que estaba cansado y me dolían las rodillas de tanto caminar, buscábamos lo que fuera mas llamativo al ojo, retratábamos lo que nos parecía mas espectacular y obviamente nos incluíamos en estos paisajes firmando nuestra presencia en este lugar, estuvimos más de 5 horas y solo conocimos uno de los tres pabellones del museo, eso habla de lo grande que es este sitio, pero la verdad el hambre mató el interés cultural y tuvimos que salir para darnos un banquete de tacos al pastor afuera. Afuera del museo es algo similar al parque nacional en Bogotá, con cantidades de puestos callejeros de comida y bueno en este caso también de artesanías, y fue acá donde vimos por primera vez los voladores de Papantla, algo que inmediatamente asociamos con la proeza de Pirry haciendo lo mismo, me asombraba no solamente el hecho del vértigo de las alturas en las cuales bailaban a un solo pie y tocaban una pequeña flauta y un tamborcito, esto dicho en palabras de turista ignorante, imagino que debe tener su nombre, pero bueno también me impresionaba que esto que era realmente un espectáculo increíble cargado de magia,, algo que para mi era un encuentro verdadero con la cultura mexicana y que daba vida a tanta momia y escultura del museo, todo esto era a la vista de los transeúntes algo cotidiano, que se camuflaba con el vendedor de dulces con cáscaras de limón, o con el de los refrescos o los sándwiches, acá me di cuenta que seguramente en Colombia podemos estar frente a un espectáculo bellísimo, incluso en nuestras propias ciudades, pero el día a día y nuestra rutina se vuelven vendas pesadas sobre nuestros ojos que no solo nos vuelven ciegos sino también insensibles e indiferentes hacia esas riquezas que las volvemos intangibles y por lo tanto poco interesantes para nosotros, tal vez solo despertamos un poco cuando un extranjero nos visita y hace la pausa para contemplar algún sitio que para nosotros simplemente es parte del recorrido en buseta de todos estos años. Los instantes finales en el DF fueron los paseos por la reforma, la avenida mas linda de la ciudad donde colinda Chapultepec, unas plazoletas donde encontrábamos muchos gays totalmente desinhibidos, exposiciones urbanas de sillas que daban rienda suelta a la creatividad de los artistas, galerías fotográficas de un instituto tipo Teleton que tiene varias sedes en el país que lucha a favor de los discapacitados, las ventas de clayudas que eran platos en la calle hechos con hojas de cactus, las presitas de pollo, la música pirata, las naranjas con chile, los super rascacielos que intimidan y hacen sombra a las casitas clase media de la ciudad, el auditorio nacional y al frente los sellos de la presencia de las estrellas como Talia, Alejandro Fernández, el turibus que fue un común denominador que parece que fue una ley convertida en realidad en el país que decía toda ciudad tendrá un turibus para que el turista salga y conozca la ciudad, los buses destartalados con sus choferes barrigones que hacían contraste con el metro, increíblemente los trolis que recordaron mi infancia en Bogotá, en fin son miles de detalles, no quiero olvidarme de ninguno, porque son ellos los que hicieron que la experiencia en México fuera grandiosa. Esa noche fuimos a un sitio poco recomendado por los propios mexicanos pero que en la mente del colombiano clase más o menos es un sitio que es imperdonable no visitarlo: Garibaldi. Para matar el entusiasmo del que tenga expectativas de visitar este sitio, esta plaza es lo que en Bogotá sería la avenida caracas entre la 53 y la 57, llena de mariachis borrachos, con puestos callejeros vendiendo cigarrillos y bebedizos, donde los despechados van con la tuza a pagarle a cualquier malentonado para que le cante cualquier canción que le haga despertar mas su herida de amor. Pero como en todo sitio que uno visita, lo que debe quedar no es solamente lo que se visite, lo que se registre o los souvenirs, lo mas lindo del DF para nosotros no fue ni siquiera su palacio de bellas artes, fue una casa en Tlanepantla, donde vive Pamela nuestra amiga con su familia. Una gracia de Dios haberlos conocido, desde que fueron a recogernos Pame y Salvador, sus invitaciones a comer, las atenciones médicas de Carmen cuando las necesitábamos, las salidas por la noche con Kevin y su novia a Satélite donde escuchamos música en vivo con canciones tipo RBD pero de miles de grupos que no teníamos ni idea, las salidas a comer Barbacoa, los relatos de Toño y Pame en la prepa, los asados que se compartieron con la familia de Salvador, la noche del 31 con la familia de Carmen, incluyendo su cuñado que era el clon de Juan Gabriel, la tía Marta, que es siempre esa tía en todas las familias que no cuadra con la forma de vida de los otros, pero que nos hizo divertir con sus cuentos y agüeros. En fin, una familia hermosa que recordamos con mucha gratitud, siempre bien recibidos, siempre sentimos su cortesía, su amabilidad, motivado por tal cariño hacia ellos me uno a la barra “que viva México”

2 comentarios:

diego dijo...

Viejo Fabio!!! Muy bueno el recuento que hace del viaje a Mexico. Un buen recuerdo merece contarlo de la manera que lo hizo.
Un abrazo!

Mariachis Bogota dijo...

La música interpretada por mariachis se acostumbra en fiestas públicas tales como el día de las Madres, reuniones familiares o serenatas y esta es una de esas ocasiones especiales.