Arequipa y Trujillo. Perú Parte IV

Atrás quedó la magia de Cuzco y Machu Picchu, llegamos muy temprano a Arequipa, afortunadamente el cielo estaba despejado y pudimos observar la imponencia del Misti, un volcán inactivo que se eleva hasta los 5800 metros que desafortunadamente solo lo pudimos ver ese momento. Camino al centro de la ciudad tomamos un colectivo el cual nos paró varios metros adelante y que a causa de nuestro cansancio y las maletas casi no logramos tomar, llegamos y el cansancio me obligó a tomar una siesta en un parque, seguimos y veíamos una ciudad muy diferente a las otras ciudades peruanas que habíamos visitado, muy colonial, con todas sus casas blancas, museos que desafortunadamente era muy costoso su entrada, un acento que nos parecía gaucho, todos los taxis eran Daewoo Tico, y recibíamos invitaciones a sitios turísticos aledaños como un canon y otros sitos naturales. Para recordar está el colegio Bill Gates y el desplante de nuestro intenso amigo peruano, se acuerdan? El que quería que le tomáramos fotos cada rato, él nos había prometido atendernos cuando llegáramos a Arequipa pero que nos evadió mientras nuestra corta estadía allá. Ya teníamos muestras de cansancio, queríamos mar, playa, cerveza y dormir, así que como dicen los transmilenios: próxima parada – Trujillo. La idea de ir allá fue gracias a un encuentro con unos muchileros colombianos que nos sugirieron ese lugar, principalmente Huanchacho, donde podríamos acampar y tomar un segundo aire. Llegando a Trujillo inmediatamente cojimos el bus a Huanchaco, no queríamos seguir caminando, ya llevábamos mes y medio desde que salimos desde Colombia haciendo este viaje y por un momento ya queríamos terminarlo, coger un avión y estar de nuevo en Bogotá. Llegamos acampar a Naylamp, tomamos nuestra carpa, votamos las maletas y a dormir. Ya más relajados, improvisamos un partido de futbol, conocimos al anfitrión el cual muy amable nos relacionó con dos inglesas y una alemana que nos asombró su facilidad para hablar cinco idiomas. Luego fuimos con ellos a donde un suizo amigo del peruano, nos tomamos unas cervezas y luego volvimos a nuestro campamento, allá se encontraba un peruano que imagino era el Mitch Bucanon de Huanchaco que había logrado enamorar a una canadiense, junto a ellos tomábamos unas cervezas mientras mi primo ya dormía en la carpa, luego llegó un indígena, quien nos contaba historias de sus ancestros y quien nos dio a tomar un bebedizo del cactus San Pedro, el cual me puso a volar, y me involucró dentro de sus relatos épicos entre los clanes que vivían en esa región. Al otro día con un guayabo a reventar salimos a comer algo, dimos con una pizzería donde observábamos imágenes del desierto, pensando que era en Egipto, y cuando preguntamos al dueño, gran sorpresa cuando nos dijo que esa era la cultura Chan Chan, la cultura de barro más antigua de América y que se encontraba a tan solo 20 minutos de allá. Hasta ese momento los planes de nosotros eran seguir derecho hasta Colombia, pero tal noticia nos obligaba a cambiar de planes, hacer un pequeño esfuerzo e ir a conocer esta cultura. Salimos y por economizar algunos pesos, hicimos auto stop en una camioneta, en ese momento recordaba cuando en los buses de Piura escuchábamos música peruana hecha por unas señoras que era bastante divertido. Llegamos a Chan Chan, algo realmente impresionante, pienso que son esos premios que se dan a la constancia y terquedad del viajero. Era una cultura preinca, lo cual indica su gran antigüedad, había un lago en medio de la mitad donde extrañamente habían unos pingüinos, una pequeña necrópolis, unos grabados que impresionantemente se conservaban intactos, parecía un sitio estratégicamente construido, ya que ni los vientos fuertes del pacífico ni las tormentas de nieve parecían afectar este patrimonio, pero tal vez lo que hacía encantador el sitio era su soledad, cero turistas, cero ruidos, y a pesar de eso tenía un valor histórico mayor que el mismo Machu Picchu, a lo mejor el turismo se maneja muchas veces no solamente por su atractivo sino también por el manejo político y el despliegue publicitario que se le de para que una región pueda tener un jalonamiento económico que se beneficie de la explotación del turismo. De esta manera termino un primer ejercicio de relato en el que comparto con mi familia, amigos y allegados una experiencia de viaje realizada entre diciembre 2001 y enero 2002 junto a mi primo Nicolás por los países andinos. Un viaje que recomiendo 100% hacer a todos, creo que para los que vivimos en Colombia es una excelente alternativa tomar camino hacia abajo, es una forma de decir que no vale la pena humillarse frente a una embajada americana a jugarse el balotto para ver si nos dan la visa americana para ir y enriquecerlos todavía mas haciendo turismo en su país con nuestros miserables sueldos, no quiero sonar como un che guevara, un bolívar o en el peor de los casos un chavez, solo soy alguien que sugiere otras posibilidades, de conocer regiones con mayor identidad cultural que nosotros, con gente humilde, con características muy parecidas a las nuestras, los animo a que hagan este recorrido, muy seguramente van encontrar gente muy hospitalaria y amable.

Y ahora lo que todos quieren conocer en Perú – Machu Picchu –Peru 3 parte

Era nuestro principal objetivo desde que salimos de Colombia, estar en Perú y no ir a Machu Picchu sería algo imperdonable. Sin embargo trataré de no abordar temas que muy seguramente todos encontrarán en Internet, así que buscaré aportar con temas que aparentemente no son tan importantes, pero que pienso yo, pueden recrear más la historia partiendo de vivencias personales. Cuando uno está dispuesto a conocer uno de los sitios turísticos mas visitados de América Latina, tiene que ser consciente de dos cosas, primera que el sitio estará atestado de turistas y segundo que los precios por la primera razón que les comento son altísimos, así que ya estábamos mentalizados de lo que nos esperaba, sin embargo nos dimos una buena sorpresa. Salimos de Puno por la noche, con la advertencia de que teníamos que estar en Cuzco lo mas temprano posible para poder ir a la estación de tren, ya que solo salía un tren por día a Aguas Calientes, pueblo donde se tomaría un bus que finalmente lo llevaría a uno a Machu Picchu. Por lo tanto teníamos que estar a las 5:30 en Cuzco, el viaje según nuestros cálculos nos permitía estar allá a las 3:30, así que íbamos muy bien de tiempo. Sonará absurdo, pero a pesar de haber llegado con dos horas de anticipación, decidimos dormir en el bus un rato, el cual se convirtió en un ratote que nos dio las 7:00 en el bus, ya no había nada que hacer, nuestros planes se iban al piso, y tocaba conformarnos con esperar al otro día. Resignados por haber perdido el tren, comenzamos a caminar por las calles de Cuzco, y rápidamente nos sorprendimos por lo colonial de la ciudad, sus calles empedradas e inclinadas, las casas con alguna homogeneidad en sus fachadas, y muy cerca de la estación una plaza central rodeada de columnas que cubrían los senderos peatonales, con une pequeña fuente en la mitad de la plaza. Lo increíble de esta historia fue haber encontrado a dos peruanos que tenían una agencia de viajes en la cual nos ofrecían el tour ese mismo día a Machu Picchu incluyendo otros sitos turísticos a menos de la mitad del precio que costaba haciendo el tour tradicional. Inmediatamente sentimos desconfianza pensando en que nos querían quitar nuestro dinero, así que estábamos atentos a cualquier movimiento sospechoso, sin embargo escuchamos su propuesta para saber de que se trataba. El paseo sería mas económico para nosotros si viajábamos como peruanos, para ello nos dieron dos documentos de identidad, los cuales teníamos que memorizar y sin especular mucho tratar de fingir el acento, pero al final nos dimos cuenta que lo mejor era quedarnos callados. El trayecto que los peruanos hacen es tomar el tren desde Oyataitambo, un sitio donde existen algunas ruinas incas, hasta Aguas Calientes y de ahí el bus a Machu Picchu. Una vez llegamos a Oyataitambo en bus, tendríamos que esperar el bus, el tiempo pasaba y ya imaginábamos que nos iban a robar, mientras la espera decidimos comer mazorca hervida con queso, pero al poco tiempo llegó, la señora de esta clandestina agencia nos dio las ultimas indicaciones y pudimos abordar el tren sin problemas pero siempre pendientes de no llamar la atención de los policías. El viaje en el tren duraría un par de horas, nos sorprendía escuchar la bravura del río, era un sonido estruendoso que imaginábamos lo hacía poco navegable. La llegada a Aguas Calientes fue alucinante, un pueblo que parecía construido mágicamente, difícilmente se podía divisar el cielo en algunas partes ya que estábamos totalmente abrazados por las montañas, con pendientes exageradas en piedra decoradas con cualquier clase de souvenirs que ofrecían a los turistas. Tuvimos la fortuna de quedarnos en un hotel confortable donde debíamos descansar para el recorrido del día siguiente. Muy temprano nos llamaron del hotel, y fuimos a buscar el bus asignado, como era de esperarse lleno de turistas, salvo un peruano con el que compartimos viaje, el cual nos tomó como sus fotógrafos de cabecera pidiéndonos el favor de tomarle fotos cada 10 minutos en cualquier sitio que consideraba era lindo para mostrar a su familia. El camino nos ofrecía una vista impresionante, montaña arriba observábamos la espesura de la selva, y los rastros de la carretera que dejábamos que parecían ser las huellas de un felino, bueno esto lo comento para ambientar mas la historia con algo de mitología inca. A la llegada todo el mundo sale precipitadamente del bus, a pocos pasos la entrada principal, foto va y foto viene para dar testimonio de nuestra presencia allá. Se puede apreciar vitrinas con abrigos exageradamente costosos hechos con alpaca bebe, una de los tantos camélidos junto a la llama, vicuña, guanaco, en fin nos explicaron mil veces la diferencia y solo puedo diferenciar la llama. Una vez adentro a pocos metros la panorámica general de Machu Picchu, la foto que todo el mundo ha visto, era imposible tomar una foto en ese momento, tocaba esperar pacientemente, y la verdad eso no es mi fuerte. A medida que se baja se va observando una ciudad empedrada, perfectamente delimitada de acuerdo a la cosmogonía de los incas, el guía nos habla de sus construcciones, de la sapiencia de los indígenas, de los rituales celebrados, de la imaginación para observar figuras, de la fuerza y la inteligencia para construir la ciudad, afortunadamente el tiempo para estar allá era prolongado, eso nos permitía visitar las ruinas con calma, contemplar el paisaje, disfrutar de la naturaleza, interactuar con otros turistas y buscar el ángulo que creíamos mas original para tomar las fotos.El relato seria infinito si me pongo a describir lo que se observaba, las puertas en forma de trapecio que hacían el sitio antisísmico, el sistema de riego que producía el aumento del agua, la forma de un cóndor sobre una piedra, etc. El camino de regreso sería el mismo, pero esta vez quisimos ahorrarnos unos dólares así que preferimos bajar a pie, un recorrido de casi dos horas saltando escalones en piedra lo suficientemente altos como para dejarnos totalmente molidos. Esa misma noche estábamos de nuevo en Cuzco, decidimos salir de rumba, ya que el ambiente en la ciudad lo ameritaba, esquina tras esquina recibíamos invitaciones de cortesía para tomar una copa, finalmente entramos a uno, el ambiente era espectacular, una fiesta realmente internacional, japoneses gays bailando en las tablas, hermosas escandinavas haciendo movimientos sensuales, peruanos buscando seducir alguna gringa, etc, lo realmente absurdo era que nosotros estábamos muyyy cansados por la genial idea de bajar Machu Picchu a pie, y como la suerte nunca avisa cuando llega, una mujer hermosa quería bailar con migo, pero físicamente estaba impedido de hacerlo, son cosas que solo le pasan a uno y que cuando se recuerdan dan un poco de coraje, hubiera sido una linda oportunidad de haber hecho un profundo intercambio cultural, jajaja. El otro día llegó el señor de la agencia a despertarnos al hotel para decirnos que fuéramos rápidamente a desayunar, guauuu, que gentileza y pensar que todo el tiempo estábamos con la desconfianza de que en algún momento nos iban a robar. Todo iba según lo planeado en el tour, ahora iríamos a varias pequeñas ruinas incas, estuvimos en Pisaq, en Sacsayhuamán, una fortaleza inca donde se hallaba una roca de una tonelada, que explicaban lo absurdo que era transportar una roca de tal peso en esa época. Acá reímos un rato tocando la piedra diciendo que realmente se sentía la energía, en una montaña se observaba el calendario inca, y de perfil el retrato de un indígena, aunque nosotros ese día desbordábamos de imaginación y hacíamos creer a incautos turistas que se podían observar otras cosas. Pudimos ver el sistema de cultivos en el valle del maíz donde decían se producían mas de 50 variedades, comprábamos artesanías super económicas, nos explicaban sobre los pequeños toritos en los techos de las casas que simbolizaban protección, conocimos Tambomachay un sitio religioso donde había un gran circulo en la mitad que nuestros conocimientos arqueológicos no dieron con su significado, pudimos observar de todo, incluso una chilena que nos mostró su mejor cara. No podíamos creer la suerte de haber hecho un tour tan barato, ahí conocimos unos chilenos que pensábamos eran árabes porque no podíamos entender nada de lo que hablaban, con los cuales parecía estábamos en el mismo plan ahorro así que en las paradas que hacia el bus para comer, nosotros nos dedicábamos hablar y a comer cualquier cosa rápida. De nuevo otra vez en Cuzco, ya estábamos impregnados de sabiduría, el conocimiento sobre los incas parecía ser suficiente, pero como sabíamos que esto solo se hace una vez en la vida, seguimos visitando museos en la ciudad, adivinen de que? Obviamente de los incas, fuimos a Qoricancha y otro museo, luego la catedral que tenia murales muy interesantes que mezclaban las costumbres indígenas con la evangelización de los españoles, donde se veían en la última cena en vez de un cordero un curí y la virgen vestida con polleras. Pero bueno ya era suficiente, el plan se había cumplido, ya nuestro objetivo se había alcanzado, era hora de seguir adelante.

De regreso a Perú 2 parte

Atrás quedó la nostalgia de dejar Bolivia, de nuevo en el Titicaca, el sitio más barato donde haya comido trucha en mi vida, mas puntualmente en Copacabana, una pequeña población colonial boliviana, era hora de pasar la frontera y recorrer el Perú. Comenzamos llegando a Puno, una ciudad pequeña donde vendían aceitunas por millones, los parques con sus árboles cortados haciendo figuras de animales, y buscando impacientemente un café Internet donde descargar las fotos ya que la memoria de la cámara estaba llena. La visita a Puno permitió conocer el templo de la fertilidad en Chicuito, obviamente imaginaran los grandes monumentos haciendo honor a …. Pudimos observar algunas embarcaciones típicas de los indígenas y divisar algunas islas del Titicaca. Puno es un sitio pintoresco, lleno de vida y de alegría, sentimos una población indígena más receptiva, menos prevenida y a su vez una ciudad con mas influencia de la época de la conquista donde sin lugar a dudas podíamos detallar como el Titicaca diferenciaba una población intacta y más autóctona de una con más mestizaje y diversa culturalmente.

Y finalmente Santa Cruz de la Sierra (Bolivia)

Me despido de Bolivia haciendo un viaje largo hacia la zona mas rica del país, Santa Cruz de la Sierra, un viaje de mas de 18 horas, que me permitió encontrar una población diferente a la que hemos visitado en el resto de Bolivia, me encontré con una población mas morena, con vestiduras mas ligeras a causa del inmenso calor, con un sistema vial por anillos, con una gran influencia de productos brasileros, incluso me atrevería a decir que las mujeres de Santa Cruz debido a la proximidad con Brasil, presentan rasgos menos indígenas, lo cual no se debe prestar para malos entendidos queriendo decir que las mujeres indígenas no sean bellas, incluso algunas guardan rasgos muy exóticos con cuerpos fabulosos. Una curiosidad fue los fuertes vientos que hacia en la ciudad, la música era mas brasilera que la tradicional boliviana, e incluso pude apreciar osos hormigueros pequeños en las copas de los árboles del parque principal. El viaje a Santa Cruz era principalmente asistir a una fiesta de 15 años de una prima de mi amiga, recuerdo que lo único mas o menos apropiado para la ocasión era un pantalón negro un poco térmico que había comprado en Marsella, pueden ustedes imaginar ese pantalón caliente a un temperatura de mas de 30 grados y además bailando música boliviana?? Es así como termina nuestro viaje a Bolivia, un encuentro cultural con nuestra historia y nuestros orígenes como continente, quedamos con el gusto de convivir en medio de una población intacta y un país lleno de naturaleza, con una identidad muy marcada y un orgullo de sus raíces que merece la pena ser reconocido y valorado como ejemplo hacia otros países. Es el momento, un poco tarde la verdad, de agradecer a Mónica, a sus papas don Luis y a la Señora Mary , a Eslyn a Eve, a Cristian, a Martica y a su esposo Edson, a Fabiola y a Ángel, a la tía Raquel y su esposo, a la tía Jaqueline en Cochabamba, y los familiares de Paola la quinceañera en Santa Cruz, a la cholita de la casa que es un amor de mujer, mil y mil gracias a todos.

Por las rutas amazonicas (Bolivia)

Los yungas es una zona con bastantes similitudes con la naturaleza colombiana, obviamente con algunas diferencias como el ser una zona habitada por los negros esclavos que traían los españoles, que a diferencia de los países con mar, donde emigraban hacia las costas, el caso de Bolivia, huían para camuflarse en la selva amazónica. Destaco también la aventura de viajar en carreteras estrechas sin pavimentar donde el bus tenía que dejar una parte al aire con una hermosa vista al precipicio e incluso algunas veces pasar debajo de cascadas como el velo de la novia, donde estando dentro del bus se escuchaba la fuerza con la que el agua pegaba en las latas. Tal sería la peligrosidad que la gente lo llamaba el camino de la muerte y las indígenas challaban (bendecir el camino echando coca a la carretera) el camino para que no nos pasara nada, ay ay ay. Aunque fue en dos viajes distintos, hablare de Coroico y Chulumani, como los dos referentes a visitar en Bolivia, desbordados de montanas entretejidas que nunca se pierden a la vista del viajero densamente pobladas y con ríos transparentes y caudalosos que provocaban el desespero de salir del bus y pegarnos un buen chapuzón. A pesar de que Bolivia es un país que prácticamente vive del turismo, en esa zona no existía mucha información para el turista, y fue así como con Mónica (mi gran amiga), nos extraviamos durante varias horas a lo cual se sumó la angustia de las advertencias de los campesinos de tener cuidado con las serpientes que merodeaban sus alrededores. Creo que es una situación que todos en algún momento hemos vivido, que estamos totalmente perdidos pero que de un momento a otro encontramos el sitio deseado sin explicarnos como llegamos. En este caso eran unas cascadas donde encontramos un grupo de australianas, al cual seguimos para hallar el camino de regreso. Mientras tanto en Chulumani hicimos un paseo con una familia hacia una finca donde nos hablaban de los cafetales y el infortunio del remplazo de algunos cultivos por coca, a que se nos hará eso familiar???? Un calor algunas veces insoportable y húmedo, variedades de maíz de diversos colores en costales, indígenas con su tez un poco mas quemada y la majestuosidad de las montanas que junto al caudal del río, y el sonido de las aves y los insectos nos mostraban la bondad de la naturaleza mostrándonos toda su majestuosidad, la cual siempre estará retratada en mi cabeza como uno de los mejores momentos para evocar la paz y la tranquilidad.

Camino a Uyuni (Bolivia)

Llevábamos ya una semana en Bolivia, un itinerario basado en recorridos cortos a los alrededores de La Paz, era hora de alejarnos un poco, y que mejor que ir hacia el famoso salar de Uyuni, el “desierto de sal” mas grande del mundo. Diciembre siempre será una época difícil para viajar en cualquier parte del mundo, y Bolivia no era la excepción, lo extraño era como los pasajes de una empresa a otra cambiaban en grandes cantidades, finalmente logramos una reducción de algunos bolivianos en el tiquete, pero cuando íbamos a subirnos, teníamos que pagar un impuesto ficticio a los conductores, en fin, igual seguía siendo un precio competitivo para dos personas que venían de Colombia con el dinero contado y que pretendían hacer un tour por los países andinos. A medida que nos alejábamos, recordaba las palabras de Ángel, el esposo de Fabiola, una atractiva boliviana que era la tía de mi gran amiga donde nos quedamos. Ángel nos decía que la infraestructura vial de Bolivia era todavía muy precaria y que las únicas carreteras en buenas condiciones eran una que iba de norte a sur y otra de oriente a occidente. Fue así como psicológicamente me preparaba para un viaje especial, en el cual tuvimos oportunidad de observar cosas realmente diferentes. Recuerdo que llevábamos más de 6 horas de viaje, hacía un hambre feroz y guardaba la esperanza, que en el momento en que el bus hiciera una parada, tendríamos la oportunidad de comer un buen pedazo de carne, papas, etc. Pero gran sorpresa cuando al llegar había una pequeña tienda en donde lo único que pudimos comer fueron unas galletas y comida chatarra (golosinas, papas fritas). En medio del coraje de no poder comer placenteramente detallé una de las cholitas que viajaba en nuestro bus, como se alejaba hacia la parte trasera del bus, mi morbo me llevó a seguirla ya que me causaba curiosidad, y fue ahí cuando observe como se hacía al lado de una llanta, se agachaba, estiraba su pollera y orinaba, guau, eso si fue divertido, eso estoy seguro que en ningún libro o revista de turismo nos lo dicen, sin duda los indígenas bolivianos son especiales, sus costumbres y su comportamiento eran destacables. Seguimos viajando toda la noche, y llegamos a Potosí, una de las ciudades más pobres de Bolivia, donde se notaba el abandono y la pobreza, como era de imaginarse, el hambre seguía viva y buscábamos afanosamente algo para desayunar, aunque ya estaba advertido con la parada que había hecho el bus, que no podía esperar ningún manjar, y efectivamente comimos una bebida de maíz de color roja y una especie de arepuelas gigantes. Sin embargo es importante aclarar que esta experiencia no tiene nada que ver con la gastronomía boliviana, la cual es deliciosa y muy variada. Potosí es una de tantas ciudades que habla sobre las ironías que viven los pueblos latinoamericanos, recordando a Eduardo Galeano en su libro “Las venas abiertas de América Latina” éramos testigos de un pueblo olvidado que en la época de la Conquista tenía un cerro de una absoluta riqueza en minerales como el salitre, y de donde se surtían para hacer las monedas de toda Europa, tuvimos la oportunidad de ver el recorrido numismático en el museo de la moneda y ver lo que quedaba del cerro, muy probablemente de ahí viene la frase “como un Potosí” aludiendo a la riqueza que existía en esta región. Seguimos camino, y el encuentro con otros buses atestados de turistas indicaban la cercanía a Uyuni, sin embargo solo se veían caminos desérticos donde los bolivianos recreaban nuestro paseo hablando del recorrido que hacían Buth Cassidy asaltando los trenes que en esa época transportaban la riqueza de la región, e incluso escuchamos una veintena de sitios donde habían matado al Che Guevara. Día y medio viajando serían recompensados con la llegada a Uyuni, un pequeño pueblo turísticamente muy desarrollado en relación a otros sitios de Bolivia donde el extranjero podía contar con hoteles sencillos pero acogedores, Internet y restaurantes con alguna diversidad en su menú. Del pueblo lo atractivo es el ambiente multicultural, el cementerio de trenes que evoca una sensación que nos transporta a las viejas películas gringas del oeste. Pero el gran atractivo era el salar, un territorio de sal de 10.500 km cuadrados que sin duda alguna es uno de los espectáculos mas hermosos que he podido observar. Para realizar el tour al salar existen varias opciones dependiendo del presupuesto y de la habilidad para negociar con las improvisadas agencias que existen en las calles, donde niños y hombres muestran en un álbum familiar los sitios más llamativos para conocer. El tour completo incluía el salar, Tunupa, geisers, islas, lagunas etc. Desafortunadamente el presupuesto era restringido, así que hicimos un tour de dos días. El recorrido empieza muy temprano donde una caravana de camionetas nos espera y donde conoceríamos a Ludovic, un francés que venía de Perú con el que al día de hoy todavía nos hablamos. Nuestro guía el cual tenía un nombre particular ya nos hacia sentir en familia, jajajaja, se llamaba Primo. Él nos recomendaba utilizar todo el tiempo gafas oscuras debido a la refracción de la luz que podría ocasionarnos problemas en los ojos. Una hora después hicimos nuestra primera parada donde nos mostraban como era el proceso de refinar la sal y mas adelante el hotel de sal, el cual desafortunadamente estaba cerrado pero que anteriormente abría sus puertas al público con la posibilidad incluso de quedarse a dormir allá. Ese día nos quedaríamos en Tunupa, una pequeña isla semi volcánica en medio del salar donde encontramos cactus de hasta 12 metros de alto y con suerte algunas vizcachas o liebres propias de la isla. El salar se caracteriza por los fractales que se forman en la superficie y donde encuentra uno personas haciéndose curaciones con los gases de helio frío que según los nativos ayuda a las articulaciones y al rejuvenecimiento celular. Por otra parte la isla nos sorprendió con las grandes extensiones de quinua, las llamas rodeando las cercas en piedra hechas por los indígenas e incluso algunas cuevas donde contamos con la fortuna de encontrar esqueletos de indígenas acompañados de ofrendas como cigarrillo y plantas de coca. La isla se llamaba la isla del pescado, ya que desde lejos su forma era como la de los pescados que todos hacemos cuando eramos niños. No podemos dejar por fuera la ovejita negra que nos acompañó en el largo recorrido por la isla y algunos sitios donde el salar y el cielo se unían haciendo un solo paisaje de blancos y azules celestes. Desafortunadamente no contamos con suerte de observar un cielo totalmente despejado, el cual cuentan los bolivianos se refleja en el salar, dando una ilusión óptica de encontrarse encima de la tierra. Como anécdota y los que conocen de nuestro viaje, sabrán que es inevitable hablar sobre la larga noche que pasamos en Tunupa, donde no existía electricidad ni acueducto, justo lo que necesitaba para ir al baño y poder uhmmmmmm plácidamente. La verdad un espectáculo inigualable, una maravilla divina que espero la vida me de la revancha de ir de nuevo para conocerla en su totalidad.