la inmensidad del DF - Mexico

Nuestra estadía en Canadá nos iba permitiendo conocer cada vez mas y mas amigos mexicanos, los cuales en reiteradas ocasiones nos invitaban amablemente a sus ciudades, así después de un gran esfuerzo de Angela y de mi parte, se dieron las cosas, el 12 de diciembre estábamos rumbo al país latinoamericano con mas cliches dentro de la mente de los colombianos, sería el encuentro con el tequila, el mariachi, el chile, el país de la fiera y del chavo, un viaje maravilloso por Mexico, del cual quiero compartir mis experiencias con amigos y familiares. El comienzo no arrancó con pie derecho, lo que debía ser un viaje de 6 horas, se convirtió en una odisea de 18 horas, con cambios imprevistos en el itinerario de vuelos que nos obligó a ir de Quebec a Montreal, de ahí a Toronto y al final al DF, debíamos haber llegado a medio día y terminamos por llegar a media noche, con nuestras maletas sin correas y una que nunca llego, sino dos días después. Sin embargo, Pamela, una amiga de Angela que conoció estudiando en Quebec nos estaba esperando junto a su papa, un hombre increíble que junto a su familia hicieron de nuestra estadía un recuerdo muy bonito, lleno de gratitud y agradecimiento. Camino a casa de ellos observábamos sigilosamente la ciudad, como era previsible cada vez que observábamos algo curioso o diferente, los asaltábamos con preguntas, como niño que empieza a descubrir el mundo en el que le toca vivir, y dentro de las primeras impresiones, estaban las capillitas en las cuadras en honor a la virgen decoradas con flores y luces, Pamela nos explicaba que ese día 12 de diciembre era el día de la virgen de Guadalupe, siiii la virgen que veiamos prendida al pecho de Adelia Noriega en sus mas de 500 novelas junto a las cuales crecimos los colombianos, ese día empezaba el maratón Guadalupe-Reyes, lo que significaba una sola rumba que comenzaba con la virgen de Guadalupe y terminaría con la fiesta de Reyes. Aquí en esta parte me quiero adelantar, comentando sobre la gran importancia que esta virgen tiene para los mexicanos, me atrevería a decir que en varias iglesias no veíamos el cristo crucificado sino la virgen de Guadalupe, las maratones hacia su santuario desde todas partes del país eras impresionantes, podría decirse que es una versión latina de la peregrinación a la Meca, y es esto lo primero que quiero destacar con ustedes del pueblo mexicano, su inmenso fervor y devoción por la Virgen, un pueblo que al parecer después de Brasil, es el país con mayor número de católicos en el mundo. Después de casi una hora finalmente llegamos a casa de Pamela, de verdad fuimos afortunados que nos recogieran, no quiero ni imaginar el precio de un taxi hasta Tlanepantla, el municipio aledaño donde ellos vivían, que tenía una plaza que daba la apariencia de estar recién remodelada, con una iglesia sencilla y un parque que motivaba al descanso, olvidándose un poco del caos y el stress que se vive a tan solo media hora de ahí en la ciudad de México. En casa de Pame, conoceríamos a su mamá, una señora que desde el primer momento me recordaba la mía, las dos coincidían en su tenacidad y tesón para sacar sus hijos adelante, en su inmenso corazón y espíritu de servicio, pero desafortunadamente también en aquellos quebrantos de salud que muchas veces impiden poder compartir espontáneamente con la familia, igualmente conocimos a Ashley la hermanita menor, una niña encantadora como Pame, con las que tuvimos la oportunidad de conocer varios sitios de la ciudad y de sus alrededores. A pesar del cansancio del viaje, esa noche hablamos de las innumerables semejanzas que existen entre México y Colombia, de nuestros problemas, de nuestra pobreza y de nuestra cultura, esos primeros instantes nos hicieron sentir como en Colombia, ya que después de nuestra salida de Colombia a Canadá, era la primera vez que nos encontrábamos en un ambiente tan familiar como el de nuestro adorado país. La llegada a México doce horas después me hizo entender que el cronograma que había diseñado desde Canadá no se iba a cumplir con el rigor planeado, tenía que empezar a ser muy flexible y a contemplar siempre los imprevistos como parte del viaje, solo así me sentiría mas relajado y podía disfrutar mas el viaje, sin embargo podemos decir que las expectativas fueron ampliamente superadas y que los objetivos se cumplieron en mas de un noventa por ciento. El otro día nos levantamos tarde, era normal, habíamos llegado exhaustos de ese viaje tan largo, después de arreglarnos comenzamos a planear lo que haríamos los siguientes días, mientras tanto Carmen nos preparaba unas quesadillas con mole poblano, nuestro primer contacto con la particular gastronomía mexicana, la cual me encantó enormemente, aunque estoy seguro que mi esposa tendrá algún comentario que hacer respecto al picante, y es acá donde va mi segunda gran observación respecto a los manitos, el consumo de picante dentro de la población mexicana es algo que para nosotros es simplemente exagerado pero que hace parte de su cultura y siempre está presente en la mesa. El chile es algo indispensable, desde los más niños comienzan habituarse a su consumo a través de helados o naranjas con picante, existe en todas las presentaciones y en todas las variaciones, como el habanero que es uno de los más fuertes. Pero como este no es un blog culinario quiero hablar de este tema del picante desde mi experiencia y mi propia vivencia, para empezar diría que siempre que íbamos a comer algún sitio advertíamos que por favor no nos dieran la comida picante, en un 100% esa petición no fue tenida en cuenta, la razón muy sencilla, ellos están tan habituados al picante que es imposible percibir otro sabor, simplemente no lo sienten, acá quiero recordar algo simpático que le pasó a Angela en una de tantas salidas que hicimos a comer tacos al pastor, Salvador pidió varios tipos de tacos, quesadillas y chilaquiles para que nos diéramos una idea de la variedad que existía, sin embargo mi esposa siempre salía mal librada y se ponía roja y se picaba con todo, como si eso fuera poco, lo único que aparentemente le permitiría comer tranquilamente sería la Orchata, una bebida parecida al masato de arroz de nosotros, lo triste o mejor dicho lo cómico del caso es que lo único que era inofensivo para Ángela le terminó pegando una atorada con el polvo de canela que la hizo toser durante algún tiempo, y bueno algo que debería ser muy personal pero que igual lo comparto es que después de comer picante, en el momento de ir al baño uno siente que se hubiera comido un dragón, se siente totalmente caliente y el ardor a veces insoportable, en fin, acostumbrarse al estómago mexicano no es tarea fácil, no se si fue una simple coincidencia pero cada vez que iba a un baño público, todos los sanitarios estaban llenos, parece que uno de los mayores placeres que existen en la vida, lo hacen bastante los mexicanos. Nuestra familia mexicana Después de este largo paréntesis, continuamos con nuestro relato, una vez descansamos del viaje, haríamos nuestro primer recorrido por la ciudad de México, iríamos con Pamela a tomar el bus, acá digo tomar y no coger el bus, ya que coger es.,……., bueno dejemos así. Respecto a lo de bus, la tarifa depende de lo lejos que uno se encuentre de la ciudad de México, fue algo complejo entender eso, pero nos acostumbramos siempre a preguntarle al chofer el costo del pasaje, o del boleto a lo mexicano, luego una vez en el DF tomaríamos el metro, no hay duda que este medio de transporte le da a esta ciudad un toque de desarrollo urbano, sin embargo el DF es un monstruo de ciudad y su infraestructura parece todavía insuficiente para dar solución a todos los habitantes que tienen. Entrar en el metro es como entrar en un bus de la décima en Bogotá con rieles, es impresionante la cantidad de vendedores que se suben con sus improvisados equipos de sonido vendiendo el último éxito de Shakira, de Alejandro Fernández o de cualquier otro a full volumen, lo increíble es que no terminan de salir de un vagón cuando ya viene el otro, en fin es algo divertido si uno lo quiere ver desde ese punto de vista. Bueno, después de tomar el bus, y hacer varias conexiones, llegamos al centro de la ciudad, al zócalo del DF, el zócalo es la plaza representativa de cada ciudad, lo que en Colombia es la plaza de Bolívar. Cuando uno llega a este sitio, se enfrenta contra el mundo, la multitud es impresionante, lo primero que vemos es un espectáculo de baile de música tradicional con sus trajes de aztecas, luego observamos la imponente catedral, una estructura impresionante con un órgano gigante y pequeñas subiglesias, este término es mío, así que por favor olvídenlo, es solo para explicarles la grandeza de este sitio, que está lleno de gárgolas y obviamente de la Virgen de Guadalupe, donde se encuentran los guías turísticos hablando de su milagrosa aparición al indio Juan Diego y de la prueba de ésta aparición en una pintura en tela diminuta que es imposible de realizar para cualquier ser humano. En la calle observamos toda clase de venta de comida, los chamanes con traje de indígenas haciendo su negocio haciendo lo que llaman “la limpia” a la gente, la cual hacia filas para ser inmunizados espiritualmente con el rezo y el rito de nuestro heredero azteca, de igual manera payasos, mimos, aztecas para la foto, decoraciones de navidad, en fin un inmenso colorido que resultaba incansable de detallar para el ojo humano ante un paisaje saturado y congestionado de imágenes que con solo recordar me producen ahora zozobra y agite. Buscando un poco de paz fuimos a uno de los hallazgos arqueológicos descubiertos mas recientemente, ubicado justo al costado izquierdo de la Catedral, el templo mayor. México es un país privilegiado por su hermosa herencia ancestral, es mucho mas que mayas y aztecas, existieron una gran cantidad de civilizaciones que marcan una fuerte identidad de su pueblo, el cual pareciera en su gran mayoría intacto con muy poco mestizaje. Sin embargo para uno como turista es muy complejo llegar a memorizar algo de su historia, sin ir más lejos y retomando la visita al templo mayor, el instituto nacional de historia y antropología que ayudo a construir el Templo Mayor se llama Coyolxauhqui. Es importante aclarar que las pretensiones del blog en lo que se refiere al viaje a México no es la de ofrecer información de cultura general sobre este país, para eso existe la web, así que yo simplemente seguiré dando mis opiniones o mis impresiones de mi propia experiencia. Respecto al templo mayor, lo increíble es saber que durante años estuvo en pleno centro de la ciudad, sin embargo durante las excavaciones hace poco mas de 30 años cuando se hacia alguna línea del metro, fue descubierta y hoy en día es uno de los tantos sitios arqueológicos para visitar en México. Resulta increíble ver la perpetuidad de tales obras después de tanto tiempo, los grabados, las esculturas y las ruinas se mezclan en una mirada con el vendedor ambulante, el aire espeso que se respira y los tumultos de gente. Una ciudad como el DF tiene innumerables sitios para conocer, la agenda era muy ajustada y teníamos que aprovechar al máximo, después de haber hablado con Pamela, fuimos a Chapultepec, un sitio grandísimo que tuvimos que visitar tres veces para poder conocer su zoológico, el castillo y el parque. Chapultepec es un respiro entre la congestión de la urbe, un sitio para buscar la tranquilidad y alejarse un poco del bullicio y la congestión dentro de la misma ciudad. La entrada al zoológico es gratuita, se tiene oportunidad de ver muchísimas especies, gorilas, pandas, leones, hipos, rinos, aves, reptiles, etc, la verdad está muy bien montado, desafortunadamente la primera vez que fuimos era un domingo, y había demasiada gente, imagino que eso hacía que los animales se escondieran, y ese día hubo varios que no pudimos ver, aunque después hubo revancha y los vimos con mas tranquilidad. Dentro del mismo zoo había un reptiario donde pudimos ver la Anaconda y varias ranas venenosas que parecían ser pintadas a mano con figuras y colores realmente hermosas, era un sitio donde era prohibido tomar fotos, sin embargo mucha gente lo ignoraba y bombardeaba con sus flash a los pobres animales indefensos que nada podían hacer detrás de los vidrios. También existe una parte donde uno interactúa con las aves ya que están en completa libertad, observamos a nuestro chigüiro colombiano que en México es llamado Capibara, al oso polar, morsas, en fin, un sitio que vale la pena visitar y tener un “acercamiento” con la naturaleza. Chapultepec, yo diría que es un punto medio entre el parque Simon Bolívar de Bogotá y el Central Park de New York. Tiene un lago con un color verde esmeralda que lo tienta a uno de sumergirse dentro de él, algo curioso que nos contó Fito, el novio de Pamela, es que este lago un día amaneció totalmente seco, que la gente salió corriendo a rescatar a los peces a meterlos en cualquier fuente para salvarlos, que nadie se explica a donde fue el agua, un misterio que al parecer nunca se pudo resolver. Fito era un gordito super agradable, no perdía oportunidad de contarnos chistes manitos, era algo que nos identificaba plenamente con los mexicanos, el sentido del humor, claro existen diferencias por el contexto cultural pero es la misma actitud de sonreír a la vida y hacer mofa de todo lo que acontece a nuestro alrededor. Fito fue nuestro guía en México y otras ciudades, dentro del parque nos explicaba el monumento a Cuauhtemoc cuando le quemaron los pies, nos enteramos que Chapultepec es una palabra nahuatl que significa chapulli, si si si, ya sabrán con que chapulín lo asociamos. El último sitio del inmenso Chapultepec es su castillo y sin entrar en detalle sobre la historia diré simplemente que fue objetivo militar de los gringos, y que en esa guerra murieron los niños héroes defendiendo su territorio, finalmente fue el sitio donde vivieron el emperador Maximiliano y su esposa Carlota, esta última víctima de las infinitas infidelidades de su esposo. El castillo es un museo donde se conserva la riqueza, el lujo y el despilfarro que ocasiona el poder, la cama real, la tina real, la carroza real, todo real, de ahí la vista es espectacular, se puede apreciar la calle de la reforma y los monumentos como el ángel de la independencia. Después de dejar tanta monarquía pasamos por el monumento a los leones y estábamos nuevamente en la calle, esta vez con el pueblo, con el populacho, comiendo tacos y tortillas que no eran reales pero si eran muy deliciosas, estábamos disfrutando de las atracciones del bazar, ahora recuerdo que nos subimos en el kamikazi y salí listo para abrazar la tasa del inodoro, lástima que ya estaba lejos del inodoro real, hubiera sido todo un honor para mi haber vomitado en tan hermoso lugar. El día termino comiendo en Vips, una cadena de restaurantes bien montados que existe en todo el país, donde los meseros toman la orden con su palm, bien gomela la vaina, aca me tocó pedir una sopita ya que todavía el mareo del kamikazi no me pasaba. El DF es una ciudad inmensa, gigante, conocerla imagino que implica dedicarle como mínimo tres semanas, saliendo juicioso todos los días a recorrerla, pero esto era imposible para nosotros, ya que nuestro viaje incluía otros destinos hacia el golfo, la parte montañosa y la ruta de la independencia, así que teníamos que ser muy selectivos con los destinos que quedaban por visitar en el DF, no podemos decir si hicimos la mejor opción, para hacerlo, tendríamos que tener referencias de los otros sitios, así que teníamos todavía varias opciones por recorrer, la catedral de Guadalupe, la cual descartamos porque sabíamos que Iglesias era lo que mas visitaríamos en el país, los jardines de Xochimilco, lo cual estaba demasiado lejos y los horarios no permitían que los visitáramos en esos días, así que decidimos ir al Museo Nacional de Antropología y mas adelante las ruinas de Teotihuacan, las cuales quedaban a una hora del DF. El museo nacional de Antropología lo llamaría el Louvre latinoamericano, no solo por su extensión, sino por el material que se encuentra ahí, pienso que gran parte del bagaje cultural de los mexicanos se debe a este museo, que no escatimaron en recursos para hacerle una inversión a su más grande patrimonio que es su diversidad étnica y su historia. Realmente la llegada es imponente, un monolito gigante, una plaza dividida en tres partes, divididas por las regiones habitadas por los indígenas en el país, a su interior se encuentran escenarios que recrean al visitante su forma de vida, sus costumbres y sus tradiciones, entran en detalle sobre las familias indígenas, los dioses y los rebuscados nombres de sus dioses sería meterme en problemas porque me metería una confundida absurda y como la idea no es convertirme en guía de museos, solo diré que para mi puede ser uno de los mayores referentes en el continente que hablan sobre nuestros antepasados, sobre la población original americana, sobre el desarrollo y las civilizaciones que existían y que fueron mestizándose hasta llegar a lo que hoy en día somos. Es un sitio que inmediatamente pensé hace falta en Colombia, un sitio dedicado a recoger nuestra diversidad, donde muiscas, huitotos, negros, pijaos, quimbayas, etc se reúnan y sean una carta de presentación de nuestra Colombia no pensando únicamente en el extranjero que ose visitar nuestro país sino en nosotros mismos, en nuestros niños, algo que sin duda alguna ayudaría a reforzar nuestra identidad y desde luego nuestro orgullo por ser colombianos. Pero bueno ya está bien, se me salió la vena politiquera que tengo dentro, lo que nos interesa en este momento es hablar de México, contadas las horas de nuestro recorrido, diré lo que no se atreve a decir nunca un seudo intelectual cuando va a un museo, así que diré que estaba cansado y me dolían las rodillas de tanto caminar, buscábamos lo que fuera mas llamativo al ojo, retratábamos lo que nos parecía mas espectacular y obviamente nos incluíamos en estos paisajes firmando nuestra presencia en este lugar, estuvimos más de 5 horas y solo conocimos uno de los tres pabellones del museo, eso habla de lo grande que es este sitio, pero la verdad el hambre mató el interés cultural y tuvimos que salir para darnos un banquete de tacos al pastor afuera. Afuera del museo es algo similar al parque nacional en Bogotá, con cantidades de puestos callejeros de comida y bueno en este caso también de artesanías, y fue acá donde vimos por primera vez los voladores de Papantla, algo que inmediatamente asociamos con la proeza de Pirry haciendo lo mismo, me asombraba no solamente el hecho del vértigo de las alturas en las cuales bailaban a un solo pie y tocaban una pequeña flauta y un tamborcito, esto dicho en palabras de turista ignorante, imagino que debe tener su nombre, pero bueno también me impresionaba que esto que era realmente un espectáculo increíble cargado de magia,, algo que para mi era un encuentro verdadero con la cultura mexicana y que daba vida a tanta momia y escultura del museo, todo esto era a la vista de los transeúntes algo cotidiano, que se camuflaba con el vendedor de dulces con cáscaras de limón, o con el de los refrescos o los sándwiches, acá me di cuenta que seguramente en Colombia podemos estar frente a un espectáculo bellísimo, incluso en nuestras propias ciudades, pero el día a día y nuestra rutina se vuelven vendas pesadas sobre nuestros ojos que no solo nos vuelven ciegos sino también insensibles e indiferentes hacia esas riquezas que las volvemos intangibles y por lo tanto poco interesantes para nosotros, tal vez solo despertamos un poco cuando un extranjero nos visita y hace la pausa para contemplar algún sitio que para nosotros simplemente es parte del recorrido en buseta de todos estos años. Los instantes finales en el DF fueron los paseos por la reforma, la avenida mas linda de la ciudad donde colinda Chapultepec, unas plazoletas donde encontrábamos muchos gays totalmente desinhibidos, exposiciones urbanas de sillas que daban rienda suelta a la creatividad de los artistas, galerías fotográficas de un instituto tipo Teleton que tiene varias sedes en el país que lucha a favor de los discapacitados, las ventas de clayudas que eran platos en la calle hechos con hojas de cactus, las presitas de pollo, la música pirata, las naranjas con chile, los super rascacielos que intimidan y hacen sombra a las casitas clase media de la ciudad, el auditorio nacional y al frente los sellos de la presencia de las estrellas como Talia, Alejandro Fernández, el turibus que fue un común denominador que parece que fue una ley convertida en realidad en el país que decía toda ciudad tendrá un turibus para que el turista salga y conozca la ciudad, los buses destartalados con sus choferes barrigones que hacían contraste con el metro, increíblemente los trolis que recordaron mi infancia en Bogotá, en fin son miles de detalles, no quiero olvidarme de ninguno, porque son ellos los que hicieron que la experiencia en México fuera grandiosa. Esa noche fuimos a un sitio poco recomendado por los propios mexicanos pero que en la mente del colombiano clase más o menos es un sitio que es imperdonable no visitarlo: Garibaldi. Para matar el entusiasmo del que tenga expectativas de visitar este sitio, esta plaza es lo que en Bogotá sería la avenida caracas entre la 53 y la 57, llena de mariachis borrachos, con puestos callejeros vendiendo cigarrillos y bebedizos, donde los despechados van con la tuza a pagarle a cualquier malentonado para que le cante cualquier canción que le haga despertar mas su herida de amor. Pero como en todo sitio que uno visita, lo que debe quedar no es solamente lo que se visite, lo que se registre o los souvenirs, lo mas lindo del DF para nosotros no fue ni siquiera su palacio de bellas artes, fue una casa en Tlanepantla, donde vive Pamela nuestra amiga con su familia. Una gracia de Dios haberlos conocido, desde que fueron a recogernos Pame y Salvador, sus invitaciones a comer, las atenciones médicas de Carmen cuando las necesitábamos, las salidas por la noche con Kevin y su novia a Satélite donde escuchamos música en vivo con canciones tipo RBD pero de miles de grupos que no teníamos ni idea, las salidas a comer Barbacoa, los relatos de Toño y Pame en la prepa, los asados que se compartieron con la familia de Salvador, la noche del 31 con la familia de Carmen, incluyendo su cuñado que era el clon de Juan Gabriel, la tía Marta, que es siempre esa tía en todas las familias que no cuadra con la forma de vida de los otros, pero que nos hizo divertir con sus cuentos y agüeros. En fin, una familia hermosa que recordamos con mucha gratitud, siempre bien recibidos, siempre sentimos su cortesía, su amabilidad, motivado por tal cariño hacia ellos me uno a la barra “que viva México”

Arequipa y Trujillo. Perú Parte IV

Atrás quedó la magia de Cuzco y Machu Picchu, llegamos muy temprano a Arequipa, afortunadamente el cielo estaba despejado y pudimos observar la imponencia del Misti, un volcán inactivo que se eleva hasta los 5800 metros que desafortunadamente solo lo pudimos ver ese momento. Camino al centro de la ciudad tomamos un colectivo el cual nos paró varios metros adelante y que a causa de nuestro cansancio y las maletas casi no logramos tomar, llegamos y el cansancio me obligó a tomar una siesta en un parque, seguimos y veíamos una ciudad muy diferente a las otras ciudades peruanas que habíamos visitado, muy colonial, con todas sus casas blancas, museos que desafortunadamente era muy costoso su entrada, un acento que nos parecía gaucho, todos los taxis eran Daewoo Tico, y recibíamos invitaciones a sitios turísticos aledaños como un canon y otros sitos naturales. Para recordar está el colegio Bill Gates y el desplante de nuestro intenso amigo peruano, se acuerdan? El que quería que le tomáramos fotos cada rato, él nos había prometido atendernos cuando llegáramos a Arequipa pero que nos evadió mientras nuestra corta estadía allá. Ya teníamos muestras de cansancio, queríamos mar, playa, cerveza y dormir, así que como dicen los transmilenios: próxima parada – Trujillo. La idea de ir allá fue gracias a un encuentro con unos muchileros colombianos que nos sugirieron ese lugar, principalmente Huanchacho, donde podríamos acampar y tomar un segundo aire. Llegando a Trujillo inmediatamente cojimos el bus a Huanchaco, no queríamos seguir caminando, ya llevábamos mes y medio desde que salimos desde Colombia haciendo este viaje y por un momento ya queríamos terminarlo, coger un avión y estar de nuevo en Bogotá. Llegamos acampar a Naylamp, tomamos nuestra carpa, votamos las maletas y a dormir. Ya más relajados, improvisamos un partido de futbol, conocimos al anfitrión el cual muy amable nos relacionó con dos inglesas y una alemana que nos asombró su facilidad para hablar cinco idiomas. Luego fuimos con ellos a donde un suizo amigo del peruano, nos tomamos unas cervezas y luego volvimos a nuestro campamento, allá se encontraba un peruano que imagino era el Mitch Bucanon de Huanchaco que había logrado enamorar a una canadiense, junto a ellos tomábamos unas cervezas mientras mi primo ya dormía en la carpa, luego llegó un indígena, quien nos contaba historias de sus ancestros y quien nos dio a tomar un bebedizo del cactus San Pedro, el cual me puso a volar, y me involucró dentro de sus relatos épicos entre los clanes que vivían en esa región. Al otro día con un guayabo a reventar salimos a comer algo, dimos con una pizzería donde observábamos imágenes del desierto, pensando que era en Egipto, y cuando preguntamos al dueño, gran sorpresa cuando nos dijo que esa era la cultura Chan Chan, la cultura de barro más antigua de América y que se encontraba a tan solo 20 minutos de allá. Hasta ese momento los planes de nosotros eran seguir derecho hasta Colombia, pero tal noticia nos obligaba a cambiar de planes, hacer un pequeño esfuerzo e ir a conocer esta cultura. Salimos y por economizar algunos pesos, hicimos auto stop en una camioneta, en ese momento recordaba cuando en los buses de Piura escuchábamos música peruana hecha por unas señoras que era bastante divertido. Llegamos a Chan Chan, algo realmente impresionante, pienso que son esos premios que se dan a la constancia y terquedad del viajero. Era una cultura preinca, lo cual indica su gran antigüedad, había un lago en medio de la mitad donde extrañamente habían unos pingüinos, una pequeña necrópolis, unos grabados que impresionantemente se conservaban intactos, parecía un sitio estratégicamente construido, ya que ni los vientos fuertes del pacífico ni las tormentas de nieve parecían afectar este patrimonio, pero tal vez lo que hacía encantador el sitio era su soledad, cero turistas, cero ruidos, y a pesar de eso tenía un valor histórico mayor que el mismo Machu Picchu, a lo mejor el turismo se maneja muchas veces no solamente por su atractivo sino también por el manejo político y el despliegue publicitario que se le de para que una región pueda tener un jalonamiento económico que se beneficie de la explotación del turismo. De esta manera termino un primer ejercicio de relato en el que comparto con mi familia, amigos y allegados una experiencia de viaje realizada entre diciembre 2001 y enero 2002 junto a mi primo Nicolás por los países andinos. Un viaje que recomiendo 100% hacer a todos, creo que para los que vivimos en Colombia es una excelente alternativa tomar camino hacia abajo, es una forma de decir que no vale la pena humillarse frente a una embajada americana a jugarse el balotto para ver si nos dan la visa americana para ir y enriquecerlos todavía mas haciendo turismo en su país con nuestros miserables sueldos, no quiero sonar como un che guevara, un bolívar o en el peor de los casos un chavez, solo soy alguien que sugiere otras posibilidades, de conocer regiones con mayor identidad cultural que nosotros, con gente humilde, con características muy parecidas a las nuestras, los animo a que hagan este recorrido, muy seguramente van encontrar gente muy hospitalaria y amable.

Y ahora lo que todos quieren conocer en Perú – Machu Picchu –Peru 3 parte

Era nuestro principal objetivo desde que salimos de Colombia, estar en Perú y no ir a Machu Picchu sería algo imperdonable. Sin embargo trataré de no abordar temas que muy seguramente todos encontrarán en Internet, así que buscaré aportar con temas que aparentemente no son tan importantes, pero que pienso yo, pueden recrear más la historia partiendo de vivencias personales. Cuando uno está dispuesto a conocer uno de los sitios turísticos mas visitados de América Latina, tiene que ser consciente de dos cosas, primera que el sitio estará atestado de turistas y segundo que los precios por la primera razón que les comento son altísimos, así que ya estábamos mentalizados de lo que nos esperaba, sin embargo nos dimos una buena sorpresa. Salimos de Puno por la noche, con la advertencia de que teníamos que estar en Cuzco lo mas temprano posible para poder ir a la estación de tren, ya que solo salía un tren por día a Aguas Calientes, pueblo donde se tomaría un bus que finalmente lo llevaría a uno a Machu Picchu. Por lo tanto teníamos que estar a las 5:30 en Cuzco, el viaje según nuestros cálculos nos permitía estar allá a las 3:30, así que íbamos muy bien de tiempo. Sonará absurdo, pero a pesar de haber llegado con dos horas de anticipación, decidimos dormir en el bus un rato, el cual se convirtió en un ratote que nos dio las 7:00 en el bus, ya no había nada que hacer, nuestros planes se iban al piso, y tocaba conformarnos con esperar al otro día. Resignados por haber perdido el tren, comenzamos a caminar por las calles de Cuzco, y rápidamente nos sorprendimos por lo colonial de la ciudad, sus calles empedradas e inclinadas, las casas con alguna homogeneidad en sus fachadas, y muy cerca de la estación una plaza central rodeada de columnas que cubrían los senderos peatonales, con une pequeña fuente en la mitad de la plaza. Lo increíble de esta historia fue haber encontrado a dos peruanos que tenían una agencia de viajes en la cual nos ofrecían el tour ese mismo día a Machu Picchu incluyendo otros sitos turísticos a menos de la mitad del precio que costaba haciendo el tour tradicional. Inmediatamente sentimos desconfianza pensando en que nos querían quitar nuestro dinero, así que estábamos atentos a cualquier movimiento sospechoso, sin embargo escuchamos su propuesta para saber de que se trataba. El paseo sería mas económico para nosotros si viajábamos como peruanos, para ello nos dieron dos documentos de identidad, los cuales teníamos que memorizar y sin especular mucho tratar de fingir el acento, pero al final nos dimos cuenta que lo mejor era quedarnos callados. El trayecto que los peruanos hacen es tomar el tren desde Oyataitambo, un sitio donde existen algunas ruinas incas, hasta Aguas Calientes y de ahí el bus a Machu Picchu. Una vez llegamos a Oyataitambo en bus, tendríamos que esperar el bus, el tiempo pasaba y ya imaginábamos que nos iban a robar, mientras la espera decidimos comer mazorca hervida con queso, pero al poco tiempo llegó, la señora de esta clandestina agencia nos dio las ultimas indicaciones y pudimos abordar el tren sin problemas pero siempre pendientes de no llamar la atención de los policías. El viaje en el tren duraría un par de horas, nos sorprendía escuchar la bravura del río, era un sonido estruendoso que imaginábamos lo hacía poco navegable. La llegada a Aguas Calientes fue alucinante, un pueblo que parecía construido mágicamente, difícilmente se podía divisar el cielo en algunas partes ya que estábamos totalmente abrazados por las montañas, con pendientes exageradas en piedra decoradas con cualquier clase de souvenirs que ofrecían a los turistas. Tuvimos la fortuna de quedarnos en un hotel confortable donde debíamos descansar para el recorrido del día siguiente. Muy temprano nos llamaron del hotel, y fuimos a buscar el bus asignado, como era de esperarse lleno de turistas, salvo un peruano con el que compartimos viaje, el cual nos tomó como sus fotógrafos de cabecera pidiéndonos el favor de tomarle fotos cada 10 minutos en cualquier sitio que consideraba era lindo para mostrar a su familia. El camino nos ofrecía una vista impresionante, montaña arriba observábamos la espesura de la selva, y los rastros de la carretera que dejábamos que parecían ser las huellas de un felino, bueno esto lo comento para ambientar mas la historia con algo de mitología inca. A la llegada todo el mundo sale precipitadamente del bus, a pocos pasos la entrada principal, foto va y foto viene para dar testimonio de nuestra presencia allá. Se puede apreciar vitrinas con abrigos exageradamente costosos hechos con alpaca bebe, una de los tantos camélidos junto a la llama, vicuña, guanaco, en fin nos explicaron mil veces la diferencia y solo puedo diferenciar la llama. Una vez adentro a pocos metros la panorámica general de Machu Picchu, la foto que todo el mundo ha visto, era imposible tomar una foto en ese momento, tocaba esperar pacientemente, y la verdad eso no es mi fuerte. A medida que se baja se va observando una ciudad empedrada, perfectamente delimitada de acuerdo a la cosmogonía de los incas, el guía nos habla de sus construcciones, de la sapiencia de los indígenas, de los rituales celebrados, de la imaginación para observar figuras, de la fuerza y la inteligencia para construir la ciudad, afortunadamente el tiempo para estar allá era prolongado, eso nos permitía visitar las ruinas con calma, contemplar el paisaje, disfrutar de la naturaleza, interactuar con otros turistas y buscar el ángulo que creíamos mas original para tomar las fotos.El relato seria infinito si me pongo a describir lo que se observaba, las puertas en forma de trapecio que hacían el sitio antisísmico, el sistema de riego que producía el aumento del agua, la forma de un cóndor sobre una piedra, etc. El camino de regreso sería el mismo, pero esta vez quisimos ahorrarnos unos dólares así que preferimos bajar a pie, un recorrido de casi dos horas saltando escalones en piedra lo suficientemente altos como para dejarnos totalmente molidos. Esa misma noche estábamos de nuevo en Cuzco, decidimos salir de rumba, ya que el ambiente en la ciudad lo ameritaba, esquina tras esquina recibíamos invitaciones de cortesía para tomar una copa, finalmente entramos a uno, el ambiente era espectacular, una fiesta realmente internacional, japoneses gays bailando en las tablas, hermosas escandinavas haciendo movimientos sensuales, peruanos buscando seducir alguna gringa, etc, lo realmente absurdo era que nosotros estábamos muyyy cansados por la genial idea de bajar Machu Picchu a pie, y como la suerte nunca avisa cuando llega, una mujer hermosa quería bailar con migo, pero físicamente estaba impedido de hacerlo, son cosas que solo le pasan a uno y que cuando se recuerdan dan un poco de coraje, hubiera sido una linda oportunidad de haber hecho un profundo intercambio cultural, jajaja. El otro día llegó el señor de la agencia a despertarnos al hotel para decirnos que fuéramos rápidamente a desayunar, guauuu, que gentileza y pensar que todo el tiempo estábamos con la desconfianza de que en algún momento nos iban a robar. Todo iba según lo planeado en el tour, ahora iríamos a varias pequeñas ruinas incas, estuvimos en Pisaq, en Sacsayhuamán, una fortaleza inca donde se hallaba una roca de una tonelada, que explicaban lo absurdo que era transportar una roca de tal peso en esa época. Acá reímos un rato tocando la piedra diciendo que realmente se sentía la energía, en una montaña se observaba el calendario inca, y de perfil el retrato de un indígena, aunque nosotros ese día desbordábamos de imaginación y hacíamos creer a incautos turistas que se podían observar otras cosas. Pudimos ver el sistema de cultivos en el valle del maíz donde decían se producían mas de 50 variedades, comprábamos artesanías super económicas, nos explicaban sobre los pequeños toritos en los techos de las casas que simbolizaban protección, conocimos Tambomachay un sitio religioso donde había un gran circulo en la mitad que nuestros conocimientos arqueológicos no dieron con su significado, pudimos observar de todo, incluso una chilena que nos mostró su mejor cara. No podíamos creer la suerte de haber hecho un tour tan barato, ahí conocimos unos chilenos que pensábamos eran árabes porque no podíamos entender nada de lo que hablaban, con los cuales parecía estábamos en el mismo plan ahorro así que en las paradas que hacia el bus para comer, nosotros nos dedicábamos hablar y a comer cualquier cosa rápida. De nuevo otra vez en Cuzco, ya estábamos impregnados de sabiduría, el conocimiento sobre los incas parecía ser suficiente, pero como sabíamos que esto solo se hace una vez en la vida, seguimos visitando museos en la ciudad, adivinen de que? Obviamente de los incas, fuimos a Qoricancha y otro museo, luego la catedral que tenia murales muy interesantes que mezclaban las costumbres indígenas con la evangelización de los españoles, donde se veían en la última cena en vez de un cordero un curí y la virgen vestida con polleras. Pero bueno ya era suficiente, el plan se había cumplido, ya nuestro objetivo se había alcanzado, era hora de seguir adelante.

De regreso a Perú 2 parte

Atrás quedó la nostalgia de dejar Bolivia, de nuevo en el Titicaca, el sitio más barato donde haya comido trucha en mi vida, mas puntualmente en Copacabana, una pequeña población colonial boliviana, era hora de pasar la frontera y recorrer el Perú. Comenzamos llegando a Puno, una ciudad pequeña donde vendían aceitunas por millones, los parques con sus árboles cortados haciendo figuras de animales, y buscando impacientemente un café Internet donde descargar las fotos ya que la memoria de la cámara estaba llena. La visita a Puno permitió conocer el templo de la fertilidad en Chicuito, obviamente imaginaran los grandes monumentos haciendo honor a …. Pudimos observar algunas embarcaciones típicas de los indígenas y divisar algunas islas del Titicaca. Puno es un sitio pintoresco, lleno de vida y de alegría, sentimos una población indígena más receptiva, menos prevenida y a su vez una ciudad con mas influencia de la época de la conquista donde sin lugar a dudas podíamos detallar como el Titicaca diferenciaba una población intacta y más autóctona de una con más mestizaje y diversa culturalmente.

Y finalmente Santa Cruz de la Sierra (Bolivia)

Me despido de Bolivia haciendo un viaje largo hacia la zona mas rica del país, Santa Cruz de la Sierra, un viaje de mas de 18 horas, que me permitió encontrar una población diferente a la que hemos visitado en el resto de Bolivia, me encontré con una población mas morena, con vestiduras mas ligeras a causa del inmenso calor, con un sistema vial por anillos, con una gran influencia de productos brasileros, incluso me atrevería a decir que las mujeres de Santa Cruz debido a la proximidad con Brasil, presentan rasgos menos indígenas, lo cual no se debe prestar para malos entendidos queriendo decir que las mujeres indígenas no sean bellas, incluso algunas guardan rasgos muy exóticos con cuerpos fabulosos. Una curiosidad fue los fuertes vientos que hacia en la ciudad, la música era mas brasilera que la tradicional boliviana, e incluso pude apreciar osos hormigueros pequeños en las copas de los árboles del parque principal. El viaje a Santa Cruz era principalmente asistir a una fiesta de 15 años de una prima de mi amiga, recuerdo que lo único mas o menos apropiado para la ocasión era un pantalón negro un poco térmico que había comprado en Marsella, pueden ustedes imaginar ese pantalón caliente a un temperatura de mas de 30 grados y además bailando música boliviana?? Es así como termina nuestro viaje a Bolivia, un encuentro cultural con nuestra historia y nuestros orígenes como continente, quedamos con el gusto de convivir en medio de una población intacta y un país lleno de naturaleza, con una identidad muy marcada y un orgullo de sus raíces que merece la pena ser reconocido y valorado como ejemplo hacia otros países. Es el momento, un poco tarde la verdad, de agradecer a Mónica, a sus papas don Luis y a la Señora Mary , a Eslyn a Eve, a Cristian, a Martica y a su esposo Edson, a Fabiola y a Ángel, a la tía Raquel y su esposo, a la tía Jaqueline en Cochabamba, y los familiares de Paola la quinceañera en Santa Cruz, a la cholita de la casa que es un amor de mujer, mil y mil gracias a todos.

Por las rutas amazonicas (Bolivia)

Los yungas es una zona con bastantes similitudes con la naturaleza colombiana, obviamente con algunas diferencias como el ser una zona habitada por los negros esclavos que traían los españoles, que a diferencia de los países con mar, donde emigraban hacia las costas, el caso de Bolivia, huían para camuflarse en la selva amazónica. Destaco también la aventura de viajar en carreteras estrechas sin pavimentar donde el bus tenía que dejar una parte al aire con una hermosa vista al precipicio e incluso algunas veces pasar debajo de cascadas como el velo de la novia, donde estando dentro del bus se escuchaba la fuerza con la que el agua pegaba en las latas. Tal sería la peligrosidad que la gente lo llamaba el camino de la muerte y las indígenas challaban (bendecir el camino echando coca a la carretera) el camino para que no nos pasara nada, ay ay ay. Aunque fue en dos viajes distintos, hablare de Coroico y Chulumani, como los dos referentes a visitar en Bolivia, desbordados de montanas entretejidas que nunca se pierden a la vista del viajero densamente pobladas y con ríos transparentes y caudalosos que provocaban el desespero de salir del bus y pegarnos un buen chapuzón. A pesar de que Bolivia es un país que prácticamente vive del turismo, en esa zona no existía mucha información para el turista, y fue así como con Mónica (mi gran amiga), nos extraviamos durante varias horas a lo cual se sumó la angustia de las advertencias de los campesinos de tener cuidado con las serpientes que merodeaban sus alrededores. Creo que es una situación que todos en algún momento hemos vivido, que estamos totalmente perdidos pero que de un momento a otro encontramos el sitio deseado sin explicarnos como llegamos. En este caso eran unas cascadas donde encontramos un grupo de australianas, al cual seguimos para hallar el camino de regreso. Mientras tanto en Chulumani hicimos un paseo con una familia hacia una finca donde nos hablaban de los cafetales y el infortunio del remplazo de algunos cultivos por coca, a que se nos hará eso familiar???? Un calor algunas veces insoportable y húmedo, variedades de maíz de diversos colores en costales, indígenas con su tez un poco mas quemada y la majestuosidad de las montanas que junto al caudal del río, y el sonido de las aves y los insectos nos mostraban la bondad de la naturaleza mostrándonos toda su majestuosidad, la cual siempre estará retratada en mi cabeza como uno de los mejores momentos para evocar la paz y la tranquilidad.

Camino a Uyuni (Bolivia)

Llevábamos ya una semana en Bolivia, un itinerario basado en recorridos cortos a los alrededores de La Paz, era hora de alejarnos un poco, y que mejor que ir hacia el famoso salar de Uyuni, el “desierto de sal” mas grande del mundo. Diciembre siempre será una época difícil para viajar en cualquier parte del mundo, y Bolivia no era la excepción, lo extraño era como los pasajes de una empresa a otra cambiaban en grandes cantidades, finalmente logramos una reducción de algunos bolivianos en el tiquete, pero cuando íbamos a subirnos, teníamos que pagar un impuesto ficticio a los conductores, en fin, igual seguía siendo un precio competitivo para dos personas que venían de Colombia con el dinero contado y que pretendían hacer un tour por los países andinos. A medida que nos alejábamos, recordaba las palabras de Ángel, el esposo de Fabiola, una atractiva boliviana que era la tía de mi gran amiga donde nos quedamos. Ángel nos decía que la infraestructura vial de Bolivia era todavía muy precaria y que las únicas carreteras en buenas condiciones eran una que iba de norte a sur y otra de oriente a occidente. Fue así como psicológicamente me preparaba para un viaje especial, en el cual tuvimos oportunidad de observar cosas realmente diferentes. Recuerdo que llevábamos más de 6 horas de viaje, hacía un hambre feroz y guardaba la esperanza, que en el momento en que el bus hiciera una parada, tendríamos la oportunidad de comer un buen pedazo de carne, papas, etc. Pero gran sorpresa cuando al llegar había una pequeña tienda en donde lo único que pudimos comer fueron unas galletas y comida chatarra (golosinas, papas fritas). En medio del coraje de no poder comer placenteramente detallé una de las cholitas que viajaba en nuestro bus, como se alejaba hacia la parte trasera del bus, mi morbo me llevó a seguirla ya que me causaba curiosidad, y fue ahí cuando observe como se hacía al lado de una llanta, se agachaba, estiraba su pollera y orinaba, guau, eso si fue divertido, eso estoy seguro que en ningún libro o revista de turismo nos lo dicen, sin duda los indígenas bolivianos son especiales, sus costumbres y su comportamiento eran destacables. Seguimos viajando toda la noche, y llegamos a Potosí, una de las ciudades más pobres de Bolivia, donde se notaba el abandono y la pobreza, como era de imaginarse, el hambre seguía viva y buscábamos afanosamente algo para desayunar, aunque ya estaba advertido con la parada que había hecho el bus, que no podía esperar ningún manjar, y efectivamente comimos una bebida de maíz de color roja y una especie de arepuelas gigantes. Sin embargo es importante aclarar que esta experiencia no tiene nada que ver con la gastronomía boliviana, la cual es deliciosa y muy variada. Potosí es una de tantas ciudades que habla sobre las ironías que viven los pueblos latinoamericanos, recordando a Eduardo Galeano en su libro “Las venas abiertas de América Latina” éramos testigos de un pueblo olvidado que en la época de la Conquista tenía un cerro de una absoluta riqueza en minerales como el salitre, y de donde se surtían para hacer las monedas de toda Europa, tuvimos la oportunidad de ver el recorrido numismático en el museo de la moneda y ver lo que quedaba del cerro, muy probablemente de ahí viene la frase “como un Potosí” aludiendo a la riqueza que existía en esta región. Seguimos camino, y el encuentro con otros buses atestados de turistas indicaban la cercanía a Uyuni, sin embargo solo se veían caminos desérticos donde los bolivianos recreaban nuestro paseo hablando del recorrido que hacían Buth Cassidy asaltando los trenes que en esa época transportaban la riqueza de la región, e incluso escuchamos una veintena de sitios donde habían matado al Che Guevara. Día y medio viajando serían recompensados con la llegada a Uyuni, un pequeño pueblo turísticamente muy desarrollado en relación a otros sitios de Bolivia donde el extranjero podía contar con hoteles sencillos pero acogedores, Internet y restaurantes con alguna diversidad en su menú. Del pueblo lo atractivo es el ambiente multicultural, el cementerio de trenes que evoca una sensación que nos transporta a las viejas películas gringas del oeste. Pero el gran atractivo era el salar, un territorio de sal de 10.500 km cuadrados que sin duda alguna es uno de los espectáculos mas hermosos que he podido observar. Para realizar el tour al salar existen varias opciones dependiendo del presupuesto y de la habilidad para negociar con las improvisadas agencias que existen en las calles, donde niños y hombres muestran en un álbum familiar los sitios más llamativos para conocer. El tour completo incluía el salar, Tunupa, geisers, islas, lagunas etc. Desafortunadamente el presupuesto era restringido, así que hicimos un tour de dos días. El recorrido empieza muy temprano donde una caravana de camionetas nos espera y donde conoceríamos a Ludovic, un francés que venía de Perú con el que al día de hoy todavía nos hablamos. Nuestro guía el cual tenía un nombre particular ya nos hacia sentir en familia, jajajaja, se llamaba Primo. Él nos recomendaba utilizar todo el tiempo gafas oscuras debido a la refracción de la luz que podría ocasionarnos problemas en los ojos. Una hora después hicimos nuestra primera parada donde nos mostraban como era el proceso de refinar la sal y mas adelante el hotel de sal, el cual desafortunadamente estaba cerrado pero que anteriormente abría sus puertas al público con la posibilidad incluso de quedarse a dormir allá. Ese día nos quedaríamos en Tunupa, una pequeña isla semi volcánica en medio del salar donde encontramos cactus de hasta 12 metros de alto y con suerte algunas vizcachas o liebres propias de la isla. El salar se caracteriza por los fractales que se forman en la superficie y donde encuentra uno personas haciéndose curaciones con los gases de helio frío que según los nativos ayuda a las articulaciones y al rejuvenecimiento celular. Por otra parte la isla nos sorprendió con las grandes extensiones de quinua, las llamas rodeando las cercas en piedra hechas por los indígenas e incluso algunas cuevas donde contamos con la fortuna de encontrar esqueletos de indígenas acompañados de ofrendas como cigarrillo y plantas de coca. La isla se llamaba la isla del pescado, ya que desde lejos su forma era como la de los pescados que todos hacemos cuando eramos niños. No podemos dejar por fuera la ovejita negra que nos acompañó en el largo recorrido por la isla y algunos sitios donde el salar y el cielo se unían haciendo un solo paisaje de blancos y azules celestes. Desafortunadamente no contamos con suerte de observar un cielo totalmente despejado, el cual cuentan los bolivianos se refleja en el salar, dando una ilusión óptica de encontrarse encima de la tierra. Como anécdota y los que conocen de nuestro viaje, sabrán que es inevitable hablar sobre la larga noche que pasamos en Tunupa, donde no existía electricidad ni acueducto, justo lo que necesitaba para ir al baño y poder uhmmmmmm plácidamente. La verdad un espectáculo inigualable, una maravilla divina que espero la vida me de la revancha de ir de nuevo para conocerla en su totalidad.

La Paz y alrededores

Cuecas, caporales, sayas, un gran recibimiento teníamos nuestra primera noche, la vitalidad y el estado físico para bailar me impresionaba totalmente, lejos estaba del ritmo emparejado y a veces somnoliento con el que bailamos en Colombia, la primera impresión fue que la familia que nos recibía era muy orgullosa de su folclor, luego descubrí que Bolivia y los demás países andinos son muy arraigados a sus costumbres y son amplios conocedores de sus costumbres, sus danzas y sus antepasados. No hay duda que la música andina transmite una inmensa nostalgia, un acorde de notas cargada de virtuosidad que al día de hoy escucho en el computador recordando aquella travesía, y acá quiero recomendar a todos escuchar a los kjarkas, los kachas y si tienen suerte a wayna wila. Los días del viaje no se comió muy bien la verdad, fue en La Paz donde nos pusimos al día con nuestro organismo, no olvido el pico a lo macho, que me puso a llorar de lo picante que estaba, la picana exquisita con cualquier cantidad de carnes y tubérculos como el zapallo o el chuño que eran totalmente desconocidos para mi, tengo que confesar que ese día probé la capacidad de almacenamiento de mi estómago, la cual me alcanzó para un tercer plato. Los días siguientes probamos arroz con queso, sopa de maní, el falso conejo que me imagino se llama así porque no es conejo sino res, fricase que la relacionaba con la lechona, la quinua que era un grano sagrado para los incas, todos los platos acompañados de la llajhua la cual contenía tomate, sal, locoto y quirquiña y de la cual nos hicimos adictos, junto a la cerveza Paceña. Pero bueno el viaje en Bolivia no nos la pasamos solo comiendo, empezaremos por hablar del sitio mas cerca de Irpavi, barrio en el cual nos quedamos, que era el Valle de la Luna, un extraño sitio de piedras erosionadas que formaban un paisaje espectacular, en el cual uno debía respetar el camino sugerido, de lo contrario se corría el riesgo de caer en sus profundidades, lo interesante era apreciar las montañas vecinas que al parecer era de arcilla y le daban diferentes tonalidades rojas, cafés y amarillas. Saliendo del valle de la luna se encuentra uno con el camino del águila y con un cactuario y justo antes de uno de los túneles una hermosa valla mostrándonos la gran diversidad étnica del país que a lo mejor para los extranjeros no es fácil de diferenciar. Recordamos que en este pequeño paseo cuando íbamos en el colectivo, tan pronto se percataron que nuestro acento era de otro lado, inmediatamente nos cobraron mas el pasaje, pero bueno esto desafortunadamente pasa en todos lados, el turista es el blanco perfecto al cual hay que sacarle provecho. Al día siguiente decidimos ir a Tihuanaco, un sitio obligado a visitar cerca de La Paz, un sitio que algunos nativos nos decían que algunos investigadores la consideran la ciudad más antigua del mundo, un paisaje que en mi ignorancia era desolador, supremamente alto, con un imponente monolito a la entrada que no era lo mas atractivo sino la puerta del sol y la puerta de la luna, los cuales al parecer estaban alineados en los solsticios de veranos para que los rayos de sol y de luna pasaran exactamente por alla. Impresiona las expresiones de las estatuas y las momias labradas a piedra, los sitios donde uno puede interactuar simulando los roles y la jerarquía de la época, los puntos donde uno puede asomar el oído y escuchar lo que pasa a más de un kilómetro. A punto de cerrar corrimos al museo antes de que lo cerrarán, donde nos advirtieron que era prohibido tomar fotos, claro que unos bolivianos dados al celador de turno facilitaron el trabajo. La verdad es un sitio en el que uno va y se cree que se descubre por primera vez, era increíble saber que un sitio que al parecer tiene tanto significado en la historia de la humanidad, no esté tan explotado turísticamente, solo se pueden apreciar a su entrada unas tiendas improvisadas de los indígenas, ofreciendo souvenires a precios realmente ridículos. Terminamos esta parte de la historia diciendo que en La Paz se encontraban civilizaciones que se distanciaban por siglos, se encuentra el indígena atado a sus fuertes costumbres de santería en condiciones de vida muchas veces precarias y por otro lado el extranjero europeo que retrata su aventura y su viaje pero que muy seguramente olvidará una vez esté en el avión. Quedo el gusto de haber ido a las pencas donde se contagia uno del fervor de la música tradicional, donde se conoció la música afroboliviana de los negros que en la época de la conquista huyeron a esconderse en la amazonía, detallamos la gran influencia de la música boliviana y sus estilos coreográficos para bailar en los bares, lo cual deja sin ninguna opción al turista de bailarlo, como el caso del grupo Axe Bahía, podemos decir que escuchamos fusiones de la música tradicional con algo de rock por parte de Waina Wila, y sorprendidos por las bastas manifestaciones amorosas de los novios en los antros. La Paz también nos enseño la legalidad de la coca, su uso, su religión y su respeto, percibir sus olores, tropezarnos con el aimara y el quechua hablado por los indígenas en el centro de la ciudad, los improvisados negocios de casas de cambio, su pobreza material y su riqueza cultural, un país de altos contrastes, de gente inconforme que pide se les preste atención y ayuda. Tiwanacu

Por fin Bolivia

Como deciamos antes el Titicaca era la despedida de Peru pero al mismo tiempo la bienvenida a tierras bolivianas, durante mas de una hora de recorrido no dejabamos de admirar este hermoso lago, considerando el lago mas alto del mundo, era verdaderamente infinito e imponente, a pesar de ya tener algun conocimiento de la cultura andina atravezando Ecuador y Peru, en lo personal la diferencia con Bolivia era mas marcada, no hay duda que lo mas caracteristico es encontrar una gran mayoria de su poblacion intacta, de verdad es increible encontrarse con un pais casi en su totalidad indigena, era la primera vez que teniamos un contacto directo con esta raza totalmente pura, recuerdo sus rostros quemados por el sol, los niños descalzos abarrotandose sobre nosotros, pidiendonos en forma insistente cualquier moneda, el camino lo recreaba los nativos que ocasionalmente encontrabamos con sus wuawuas a su espalda caminando al lado de la carretera, en ese momento mi corazon palpitaba fuertemente, me sentia explorando algo totalmente desconocido y al mismo tiempo muy atractivo. No veia la hora de llegar, no solamente para asearnos sino por conocer, era como un segundo aire que tenia en el viaje, y que bueno hacerlo justo cuando hasta ahora se comienza a conocer con mayor detalle. Y bueno llego el momento donde la historia podria tomar un matiz diferente y estoy seguro que algunos lectores esperarian mayor fidelidad en el relato pero por obvias razones es importante realizar algun tipo de alteraciones que al final no cambian en nada la cronica sobre el viaje. Despues de cinco dias malolorados, maltrajiados, y todo lo malo que se puedan imaginar llegamos al terminal de La Paz, 3600 metros de altura nos daban la bienvenida , todavía recuerdo la pequeña fanfarria que escuchamos al salir del bus, y el encuentro con una vieja amiga conocida en un viaje realizado de intercambio a Francia, la cual junto a su familia nos acogerían durante nuestra estancia en Bolivia. Tomamos un taxi rumbo a su casa en el barrio Irpavi, el cual quedaba a las afueras de la ciudad, y enseguida nos percatamos de la presencia del Illimani, una montana de los andes realmente imponente, que inmediatamente dijimos que queríamos conocer, pero nos advirtieron que era una larga travesía que implicaba contar con los equipos adecuados, sin duda una ilusión óptica nos engañaba al pensar que un paseo que calculábamos en media jornada se debería hacer en dos o tres días como mínimo. Camino a la casa de nuestra amiga observábamos a la gente tomando taxis ya ocupados, lo cual nos explicaban no eran un simple taxi, eran conocidos como trufis, los cuales eran obviamente unos taxis que hacían varias rutas recogiendo pasajeros, fue algo curioso pero luego lo aprovechamos ya que era algo económico. Una vez llegamos hicimos todos los saludos y presentaciones correspondientes y una vez instalados, la carrera a muerte al baño para tomarnos una ducha y ponernos al día con nuestro aseo y yo diría con nuestra salud. Finalmente después de haber desempolvado el talco y el desodorante y volver a levantar la cabeza y mirar a la gente sin vergüenza, comenzamos enseguida a disenar nuestro itinerario por la ciudad de La Paz y las rutas que tomariamos para conocer gran parte de Bolivia.

Peru, super recomendado 1 parte

Cuando uno habla de Peru, vienen a la cabeza algunos iconos que creemos representan este pais, Jaime Bayly, Laura en America, Fujimori, y con respecto al turismo las lineas de Nazca y obviamente Machu Picchu. Nos sentimos afortunados en haber recorrido este hermoso pais, es momento de agradecer a sus gentes su hospitalidad, su nobleza y su calor humano. Podemos decir que el encuentro con Peru, se hizo desde el mismo momento que tomamos el bus en Bogota, un 70% de los pasajeros eran peruanos, recordamos a Maria que iba con su mama, a Carmen quien nos conto una historia increible de como llegando a Barcelona en España, encontro sus maletas destruidas y que a raiz de eso la Aerolinea XXX, "creo que ese era el nombre" le respondio no solamente comprandole ropa y dandole una nueva maleta, sino que ademas le pago unos dias hotel cinco estrellas, le dio trabajo con la empresa y le dio tiquetes a cualquier destino que quisiera del mundo durante 10 años, guauuuuuu que suerte, lo que nos parecia absurdo era que todos los años los utilizaba siempre para ir a Peru. NOoooooooooooooo porque no los utilizaba para ir al otro lado del mundo, esa era la gran pregunta que nos haciamos. Aprovechando que hablamos de los pasajeros, quiero mencionar a un bogotano tambien que no queria simpatizar mucho al comienzo con los pasajeros que no le quedo mas opcion que socializar ya que el viaje era extremadamente largo y se hacia muy aburridor estar solo, el iba a visitar a su novia en Lima, ahora recuerdo que cuando llego ella estaba en otra ciudad con otra persona, uyyyyyy que dolor pegarse un viaje tan largo y que le salgan a uno con esas, tambien recordamos a una colombiana que tambien viajaba con su madre y tambien se llamaba Carmen, quien viajaba a Guayaquil a encontrarse con su novio, a pesar de estar solo dos dias de recorrido con ella, logramos buena empatia e incluso la molestabamos porque 10 horas antes de llegar a Guayaquil ya se estaba maquillando y arreglando para que su amado la encontrara hermosa, a ella si le fue mejor que a nuestro desafortunado amigo. Los otros pasajeros que recordamos con alegria es el de una madre relativamente joven que viajaba con su hijo que tendria maximo 6 años, lo particular que vale la pena recordar es lo despistada de la madre que en las salidas que haciamos como por ejemplo en Lima, una que otra vez se olvidaba de su hijo, y de no ser por nosotros, esta pobre señora seguramente hubiera llegado a Santiago, ciudad a la cual se dirigian, totalmente sola. Lo otro que recordamos es la impaciencia del niño preguntando si ya casi llegabamos, pobrecito no tenia nocion del viaje tan largo que estaban haciendo, muy comico escucharle decir a la mama "en que pais vamos" y saber que hasta ahora estabamos en Cali y le faltaban 5 dias mas de viaje. Compañeros de viaje Despues de una amplia introduccion, ya es hora de empezar hablar de lo que imagino es el verdadero motivo de interes de los que consultan el blog; la entrada a Peru la hacemos llegando a Mancora, poblacion del departamento de Piura, donde paramos a comer, pedimos un ceviche estando a la expectativa de como lo preparaban, podemos decir que no tenia el picante que conocemos todos, ya que era acompañado de Camote, un tuberculo para mi algo azucarado, y recordamos que llevaba maiz tostado, no se si era una especialidad del restaurante, o es parte del famoso ceviche peruano, lo cierto es que nos parecio original y muy rico. El calor en Mancora nos obligaba a tomar una cerveza, en Peru, como en Ecuador y Bolivia, se suele tomar la cerveza por litro, algo que no existe en Colombia donde el tamaño maximo es de 300 mililitros, incluso recuerdo en Chulumani - Bolivia, uno de los pueblos amazonicos de los yungas que al pedir dos cervezas la gente nos miraba con asombro viendo que tomabamos cada uno, una cerveza, mas adelante nos explicaban que la tradicion era pedir una cerveza y repartirla en vasos a los que estaban en la mesa, en fin pecamos de garosos, aunque yo diria de sedientos. Mancora, nos recibio tambien con un hermoso paisaje del mar pacifico con algunas palmeras ocasionales donde veiamos turistas desprevenidos en busca de la ola que los consagrara como surfistas, y con un desierto misterioso que frecuentemente nos avisaba de su presencia a traves de pequeñas tormentas de arena que se desprendian de sus imponentes dunas. Estos dos paisajes nos custodiaron durante todo el trayecto costero en tierras peruanas hasta la ciudad de Lima. Si han seguido consagradamente estas cronicas, recordaran que les dijimos de lo importante que era llevar en equipaje de mano que le permitiera a uno cambiarse de ropa, bueno ahora imaginense, ya llevamos tres dias de viaje, estamos en pleno sol y tenemos la misma ropa. El comentario de la ropa se debe a la frustracion de haber llegado al terminal de transportes de Chiclayo y ver como todos nuestros YA amigos de viaje aprovechaban para tomar una ducha, cambiarse de ropa y nosotros resignarnos hasta llegar a La Paz. Sin embargo nuestra recursividad para evitar que nuestros cuerpos se precipitaran hacia su descomposicion nos llevo a comprar un par de limones y experimentar con ellos nuevas propiedades higienicas que nos permitieran por lo menos levantar nuestros brazos sin ningun tipo de verguenza. Como se han podido dar cuenta mi estilo literario, narrativo, periodistico o como lo quieran llamar es el desorden cronologico, guauuuu que estilo, lo anterior se traduce en intentar hacer una reseña ordenada que a medida que se recuerda algo, lo escribo sin ninguna contemplacion ni consideracion con mi lector. Llegamos a un momento que la cronica podia haber cambiado de rumbo, pero al final decidi ser mas literal con el viaje corriendo el riesgo de que parezca mas desordenado. Unas horas mas de viaje y estabamos en Chimbote, como olvidar ese puerto pesquero que media hora antes a su llegada nos recibia con un olor que a medida que nos acercabamos era insoportable, y para infortunio nuestro el bus tenia que parar ahi, haciendo un gran esfuerzo bajamos, y nos parecia increible como sus habitantes podian convivir tranquilamente con ese ambiente, preguntando a los peruanos, nos decian que era un puerto muy importante para la economia de la region, donde la harina de pesacado era utilizada para una gran variedad de usos industriales. Despues de varios dias estabamos en LIma, alli hariamos una larga parada antes de tomar el autobus que nos llevaria a La Paz, en este tiempo salimos un poco por la ciudad, pudimos ver unas edificaciones que hablaban del desarrollo de la ciudad, recorrimos algo del centro historico, aprovechamos para hacer llamadas, ir a internet, pero todavia nada de ducha, nada de cambiarnos de ropa, que horror, todavia faltaba dia y medio. Mas adelante hablaremos un poco mas de Lima, cuando estemos de regreso de Bolivia, era el momento de decir adios a nuestros amigos de viajes, cuando se esta 24 horas al dia durante mas de tres dias con la misma gente, es inevitable crear lazos, se hizo lo habitual que siempre se hace, los buenos propositos, los deseos de volvernos a ver pero desafortunadamente nada de eso pudo prosperar. El autobus que nos llevaria a La Paz, era mas modernos, de dos pisos, por ende el viaje era mas comodo, el mismo cansancio ayudaba a que se nos pasara el tiempo rapidamente, recuerdo que paramos en Ica un momento, donde cambiamos un par de palabras con una peruana muy bonita y a quien le hablamos de Laura en America, a lo cual no pudo evitar sentir verguenza, y la verdad era una pena que un programa barato de television pueda perjudicar tanto la imagen de un pais. Sin entra mas en detalle sobre el resto del viaje por Peru, podemos decir que fue una larga noche de viaje en la cual se durmio placidamente, al otro dia estabamos en desaguadero, frontera con Bolivia, una vez mas muy atentos a la policia de lado y lado, el Titicaca nos decia adios a Peru, pero con la certeza de que en poco tiempo estariamos volviendo para conocerlo con mas detalle.